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HUYA DE LAS MENTIRAS DEL DIABLO
 

«Y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.» (Mateo 11:6)

Hay muchas personas que piensan que están sirviendo al Señor Dios, pero quedarán sorprendidas con la sentencia que no esperan recibir en el Gran Día. Ellos no imitan al Maestro, sino, hacen otras cosas, las cuales piensan que sean más productivas para el Reino de Dios. No tenemos que hacer nuestra propia voluntad, sino, la de Aquél que nos llamó y nos dio el ejemplo de cómo su obra debe ser hecha. En los días del ministerio terrenal de Jesús, no hubo un único discípulo que no haya sido revestido de poder, enviado a sanar a los enfermos y a expulsar a los demonios mientras predicaba el Reino de Dios.

Juan Bautista envió dos de sus discípulos a que preguntaran al Maestro si Él era la persona por quien esperaban o si deberían aguardar a otro. El ministerio de Juan era diferente –él predicaba contra el pecado, bautizaba a las personas, pero no hablaba sobre la liberación–. La gracia de Dios aún no había sido enviada, y la Verdad no estaba siendo ejecutada por completo. Ellas vinieron con Jesús. Delante de los discípulos de Juan, el Salvador sanó a muchos ciegos, cojos, y los demás que sufrían, y dijo que tales hechos deberían ser relatados al profeta (Mateo 11:1-5). En seguida, Él dio la declaración de que, aparentemente, no tenía nada que ver con lo que Juan le había preguntado: «Y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí (Mateo 11:6)».

Muchos no tendrán éxito por no haber aceptado que, hoy, el ministerio de Cristo incluye la liberación de los oprimidos y la sanidad de los enfermos. Ellos no imaginan que eso sea un engaño del diablo contra sus propias vidas, pues, así, sufrirán una reprensión del Señor en el Gran Día, si es que no serán impedidos de entrar en el Reino que fue preparado para los justos desde la fundación del mundo.

Un siervo del Señor no puede tener voluntad propia y hacer sólo lo que le agrada. Es necesario que él entienda el plan divino y lo cumpla; de este modo, estará haciendo la plena voluntad del Padre. Si existiera otro medio que fuera mejor, para realizar la obra del Altísimo, Él mismo lo habría revelado. El Señor, además de ser sabio, es amor (1 Juan 4:16), por eso, enseñó cómo su amor puede ser revelado a los perdidos y cómo ellos entrarán al Reino de Dios. Hacer diferente de lo que nos fue enseñado nos llevará a dar cuenta de las almas que se perderán debido a nuestra negligencia.

Nunca desobedezca a ninguna orden divina. El Señor, además de ser amor, también es omnisciente (Salmo 147:5; Romanos 11:33). Lo que Él hizo delante de los discípulos de Juan no fue por casualidad; fue una lección para todos los demás seguidores. De igual manera deben portarse todos aquellos que sean enviados por Él. Si los que son oprimidos por los espíritus inmundos no son liberados, ellos jamás se convertirán ni se harán hijos de Dios. Sin la manifestación de la gracia divina –el poder divino moviéndose a nuestro favor–, no habrá obra de Dios. Él nunca dio ni dará beneficio o entrará en acuerdo con los demonios. Él simplemente los expulsa. Así que, ¡haga como le fue ordenado y sea muy exitoso!

En Cristo, con amor,

R. R. Soares