AQUEL QUE DA EL ESPÍRITU
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2026-04-23 03:00:00
Aquel, pues, que os da el Espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la Ley o por el oír con fe?
Gálatas 3.5
Si el Señor fuera un empresario, cobraría por cada consejo o ayuda que brindara y se convertiría en el ser más rico del mundo. Jesús habló del «precio» de la bendición cuando les ordenó a Sus discípulos: «Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.» (S. Mateo 10.8). Por lo tanto, nunca debemos insinuar que las personas deban dar algo a cambio de las bendiciones de Dios.
De igual manera, no debemos predicar sobre la Ley de Moisés como si fuera un requisito para que alguien recibiera respuesta a sus peticiones, porque Jesús la cumplió completamente. Hoy, prevalece la ley perfecta de la libertad. «Pero el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.» (Santiago 1.25). ¡Solo la Verdad nos hace libre!
Jesús sufrió en la cruz por nuestros pecados, para que fuéramos liberados de ellos y de la condenación que pesaba sobre nosotros. Cristo no abolió la Ley de Moisés, sino que la cumplió en nuestro lugar. Por lo tanto, no debemos intentar cumplirla nosotros mismos: «No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir.» (Mateo 5:17). Él nos sustituyó en el cumplimiento de la Ley del Antiguo Pacto; ahora, ¡solo tenemos que observar la ley del Nuevo Testamento y cumplirla!
El apóstol Pablo dijo que Dios obra maravillas entre nosotros mediante la predicación de la fe; por lo tanto, no podemos enseñar a la gente que la bendición es una recompensa para quienes aman al Señor, sino explicarles que es un derecho de quienes oyen la Palabra y reciben la fe (Romanos 10.17). Así pues, puede y debe reivindicar su sanación y la solución a sus problemas, presentándolos en oración. ¡Dios obra por medio de la fe!
No necesita ayunar ni orar continuamente para recibir la fe y ser sanado. La fe es un don que Dios otorga a quienes escuchan Su Palabra y creen en ella (Romanos 10.17). Asista a los servicios religiosos y escuche la predicación del Evangelio. Entonces, surgirá en su interior la certeza de que la bendición le pertenece, y con ella, podrá apropiarse de lo que comprende en la Palabra.
Después de escuchar y comprender las Escrituras, al decidir confiar en el Altísimo, se dará cuenta de que es fácil ver cómo el dolor desaparece y la salud regresa a su cuerpo. No se esfuerce por "creer", simplemente crea que su bendición ya ha sido provista por Jesús y aprovéchela con todo su corazón. Cuando vea que el mal se ha retirado, testifique de lo que Dios ha hecho por usted. ¡Él es nuestro mejor Amigo!
Con la predicación de la fe, sus pecados pueden ser perdonados, los males sanados y los problemas resueltos, cuando comprenda que el Salvador le está bendiciendo. La oración de fe hace posible su sanación, el perdón de sus pecados y que el Espíritu Santo llene su ser. Con Jesús, es así: ¡Crea!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, Supremo hacedor de milagros! Este mensaje debe ser predicado a quienes necesitan sanación, la renovación del Espíritu Santo y la solución a las adversidades que los llevan a la desesperación. ¡En Cristo, somos más que vencedores!
Hoy nos presentamos ante Ti para reivindicar nuestro derecho a la libertad plena. Habiendo comprendido los pasos necesarios para recibir las bendiciones que Jesús nos ha concedido, no retrocederemos. ¡Seguiremos adelante hacia la meta!
Que nuestros ojos permanezcan fijos en Tu Palabra, pues tenemos el respaldo bíblico de que obtendremos lo que necesitamos si tan solo creemos. ¡Avancemos!
