ASÍ DE SENCILLO

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2026-01-12 03:00:00

 Le dijo: —Bien has respondido; haz esto y vivirás.


San Lucas 10.28

La respuesta de Jesús al intérprete de la Ley fue clara: «Haz esto y vivirás». El Salvador dijo que el hombre religioso había respondido correctamente. Esto debería haber alegrado a aquel corazón rebelde, pero continuó cuestionando al Maestro. Cristo estaba dispuesto a guiarlo hacia la comprensión correcta, así que le dijo que actuara como Dios le mandaba y, de ese modo, viviría. No sabemos si aquel hombre aprovechó la oportunidad y se salvó. Si no lo hizo, debe estar preguntándose por qué acabó en el lago de fuego del que jamás saldrá.

No sé si conoce a alguien que se enreda constantemente en sus propias «razones» y nunca enmienda su conducta. Conozco personas que se enorgullecen de criticar a los demás, porque no pueden aceptar ver a su prójimo vivir bien. Jesús, en cambio, no reprendió al intérprete de la Ley; simplemente le dijo que había respondido correctamente y que, si obedecía a Dios, viviría, pues era una condición esencial para ir al Cielo. ¡Debería haber creído!

Muchos actúan como si les faltara juicio, pues juegan con su salvación. Conocí a un hombre que era un verdadero siervo del Señor, pero, con el tiempo, empezó a mostrar señales de pecado. Se lo hice notar varias veces. Un día, sin embargo, se desvió por completo. A veces me pregunto: ¿cómo pudo alguien con tanto temor de Dios llegar a actuar así?

He citado un caso, pero hay muchos otros que se han desviado del Camino y que hoy caminan a pasos agigantados hacia la condenación eterna por haber actuado en contra de la guía del Altísimo. ¿Por qué vivir en la mentira, ignorando las palabras de Jesús? ¡No puedo aceptar que estas personas, que conocieron al Señor y lo llamaron Padre, se dirijan al lago de fuego y azufre!

¿Cómo es posible que quienes hallaron la Verdad e incluso predicaron el Evangelio con temor estén ahora en el camino de la perdición? Mi corazón se derrite ante Dios por estas vidas que vieron en mí y en los demás hermanos la pureza de Jesús. ¿Qué se puede hacer para guiarlos de vuelta a los brazos del Señor? Los santos de Dios jamás se convertirán en los impuros de Satanás. Quienes, con amor, ya han guiado a otros a comprender la Palabra, ¡no pueden ahora marchar al Infierno!

Sí, un día compareceremos ante el tribunal de Dios y nos enfrentaremos al Juez inflexible y justo. ¿Qué oirán del Señor aquellos que no se arrepientan de sus pecados a tiempo para ser purificados y restaurados? «Y le dijo: “Amigo, ¿cómo entraste aquí sin estar vestido de bodas?” Pero él guardó silencio. Entonces el rey dijo a los que servían: “Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”» (S. Mateo 22.12-13). Si usted se ha extraviado, ¡vuelva a Dios ahora!

Fíjese en esta recomendación de Jesús: «Haz esto y vivirás» (S. Lucas 10.28b). Ha llegado el momento de volver a Cristo, para no ser condenados con los impíos. Examine en qué se ha alejado del Señor, después de haber sido santo en Sus manos. Dios aún le ama y desea restaurarle. Si no lo desea, no está en sus cabales. Deténgase y examínese; arrepiéntase y vuelva a Dios, y el amor divino le restaurará. Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (S. Juan 10.10b).

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares

 


La Oración de Hoy

¡Señor, Santificador nuestro! El intérprete de la Ley jamás se contentaría, porque no Te conocía como el justo Juez y Padre de la eternidad. Nada le haría cambiar de opinión, pues se deleitaba en el orgullo y en encontrar faltas en los demás.

Este hombre creía que debía poner a prueba a Tu Hijo, buscando defectos en Aquel que solo hacía el bien. Pero Jesús lo amó, aun cuando intentó hacerlo tropezar. Tu Hijo lo ayudó enormemente, hablando con él y mostrándole quién era su prójimo.

Padre, mira a esta persona que ahora clama, arrepentida y entre lágrimas, pidiendo Tu perdón y entregándose a Ti para vivir en el Paraíso. Ayúdala a regresar al Camino, a ser feliz contigo eternamente. ¡Ruego misericordia para aquellos que se han apartado de la fe!