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2026-03-17 03:00:00

Entonces dije: «¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.»


Isaías 6.5

En la presencia de Dios, Isaías se vio a sí mismo como realmente era. Esto es lo que debemos discernir cuando se predica la Palabra y la unción está presente. En el entorno donde el Cielo y el poder divino operan, Dios habla y nos hace ver quiénes somos realmente. ¿Por qué no ocurren estos encuentros con más frecuencia, o cuando ocurren, no las aprovechamos para nuestro bien?

Pedro tuvo una experiencia similar a la de Isaías cuando el Maestro le pidió que usara su barca. Al principio, Pedro debió sentirse especial por esta petición. Después de que Cristo usó su barca e incluso lo recompensó, Pedro comprendió quién era Jesús (S. Lucas 5.1-11). A veces, no nos damos cuenta de lo que Él hace por nosotros cuando usa nuestra “barca” para hablar con un pecador y darle la salvación. Ese acto de Cristo resonará por la eternidad. ¡Dios es hermoso!

Tras bendecir a la multitud, Cristo decidió retribuir al apóstol el “préstamo”, realizando una obra que coronaría su día: «Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: —Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» (S. Lucas 5.4). De ahí surgiría una lección importante, pues el experimentado pescador pensó que «el mar no era bueno para pescar», pero dijo que obedecería la Palabra de Cristo. ¡Qué fe!

Pedro se asombró al ver las redes tan llenas de peces que casi se rompieron. Esto lo llevó a arrodillarse ante el Maestro: «Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.» (S. Lucas 5.8). La persona más afectada por todo esto tenía miedo y apenas asimilaba la enseñanza sobre quién estaba en la barca. Los demás también estaban asombrados. Lean la lección completa impartida por el Maestro de maestros. ¡Y qué Maestro!

Vean lo que le sucedió a Juan el Bautista. Junto al río Jordán, bautizó a los que oyeron la Palabra del Señor de sus labios y se arrepintieron de sus pecados. De repente, el Creador de todas las cosas, el Verbo de Dios, apareció ante él en la fila para ser bautizado. «Pero Juan se le oponía, diciendo: —Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú acudes a mí? Jesús le respondió: —Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces se lo permitió.» (S. Mateo 3.14-15). ¡Qué día!

¿Cuándo se cumplirá esa frase permítelo ahora? Jesús dijo que el Cielo y la Tierra pasarán, pero Sus palabras nunca pasarán. Solo en la eternidad veremos algunas cosas. Quien dé su vida para salvar a los perdidos, despreciando los placeres legítimos que Dios ha creado, será recompensado en su Reino. Esa persona tomó la decisión más sabia.

Increíblemente, fuimos elegidos de entre la escoria del mundo. Quizás seamos los peores para “servir” al Rey eterno, Aquel que dijo que, si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a Sí mismo (2 Timoteo 2.13). ¿Qué más podemos decirle a Dios sino: “¡Gracias, Señor! Aquí estamos. Envíanos”?

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares

 


La Oración de Hoy

¡Dios que nos purifica y santifica! No tenemos palabras para expresar nuestra gratitud por Tu bondad al elegirnos, llamarnos y prepararnos para hacer Tu voluntad en estos días en que las personas se están volviendo locas en el pecado. Somos la sal de la tierra y la luz del mundo. ¡Hemos sido enviados para el bien de todos!

Hoy, no es la brasa del altar la que debe ser retirada para purificar nuestros labios, porque ya hemos sido purificados por la sangre de Cristo; por eso, aceptamos ser convocados para cooperar en Tu obra de salvación. ¡Ayúdanos a contar nuestro tiempo, que se acorta hasta el fin!

Aún queda mucho por hacer. Despierta al que duerme. Este debería estar despierto y listo para lanzar las redes y pescar la mayor cantidad de peces posible. Tu obra se hará como Tú has dicho. Para ello, ¡necesitamos conocerte!