CRISTO DIO GRACIAS AL PADRE

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2026-01-06 03:00:00

En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.


San Lucas 10.21

¡Es bueno que podamos regocijarnos en el Espíritu Santo como Jesús se regocijó! Él nos dio el ejemplo. Fuimos creados y elegidos por Dios para honrar los propósitos que Él tenía en mente cuando nos hizo a Su imagen y semejanza. Al aceptar a Cristo como nuestro Salvador y Señor, obtenemos acceso a los tesoros de sabiduría y poder que hay en Él (Efesios 1.3-4). ¡No hay nada mejor que estar en comunión con el Hijo del Dios viviente!

Al revelar que nuestro nombre estaba escrito en los Cielos (S. Lucas 10.20), Jesús se regocijó en el Espíritu Santo. Tenga presente que también habrá momentos en que se regocijará en el Espíritu de Dios, para experimentar un poco de lo que el Cielo le tiene reservado. Sin embargo, hay quienes no pueden experimentar esto porque están bajo fuertes tentaciones, casi caen en ellas y, aun así, no se arrepienten de las fantasías provocadas por los malos deseos (Santiago 1.14-15). Si este es su caso, ¡arrepiéntase y vuelva al Señor!

Quienes pecan deben arrepentirse, confesar sus transgresiones a Dios y abandonarlas (Proverbios 28.13). Cristo advirtió que, espiritualmente, el simple hecho de codiciar a alguien ya se considera adulterio. Por lo tanto, si tal pecador no se arrepiente, será excluido del Reino de Dios (1 Corintios 6.10). «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.» (Mateo 5.28). Si ha pecado, pida perdón ahora y sea limpio de todo mal.

El profeta Isaías dijo que Dios, antes de la venida de Jesús, se enojó con Su pueblo a causa del pecado, y hubo juicio. Sin embargo, la indignación dio paso al consuelo. Medite en las palabras del profeta acerca de nuestra posición en el Señor: «En aquel día dirás: «Cantaré a ti, Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó y me has consolado.» (Isaías 12.1). ¡Medite en esto! En aquel día se refiere al tiempo en que vivimos. ¡Alabado sea Dios!

La ira del Altísimo contra nosotros ha pasado, porque su Hijo cargó con nuestras transgresiones y enfermedades (Isaías 53.4-5), sufriendo en la cruz en nuestro lugar, para que pudiéramos vivir libres de la culpa y la influencia del pecado. Antes de que Jesús viniera, las iniquidades solo estaban cubiertas, pero Él, con su sangre, las expió (Hebreos 9.13-14). Hoy, para nosotros que creemos en el Hijo de Dios, ya no hay separación del Creador. Hemos sido perdonados de todo pecado cuando nos arrepentimos, confesamos y aceptamos a Jesús como Salvador y Señor. ¡Ante el Padre, estamos completamente limpios!

Habiendo sido aplacada la ira de Dios en Cristo, quienes vivían bajo el peso de la culpa ahora pueden ser libres. Quien cree en Cristo y en Su obra como nuestro Sustituto en la cruz es redimido. Entonces, puede acudir a Dios en oración y pedirle que elimine el mal que existe en su espíritu, cuerpo y alma. Quien se entrega a Cristo es recibido por el Padre como absuelto.

Si ha decidido pertenecer a Jesús y cree que Él pagó por sus pecados, agradézcale a Dios porque ya no está bajo condenación. Los salvos que no se reconocen como hijos de Dios viven como bastardos. ¡Tome su decisión y sea feliz para siempre!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Oh Padre! Como redimidos por Jesús, Te alabamos por hacernos Tus hijos con todos los derechos en Cristo. Ningún mal puede afligirnos, ya sea enfermedad, pecado o tentación. ¡Somos Tuyos!

En el Nombre de Jesús, rechazamos las obras del Infierno y nos declaramos sanados y libres para Tu gloria. Te damos gracias por la obra de Tu Hijo Unigénito en la cruz. Por lo tanto, podemos decir que no somos bastardos, sino hijos Tuyos por adopción.

Que Tu alegría nos ilumine para dar testimonio a los hombres de Tu amor, Tu gracia y Tu misericordia. Muchos se entregan a Ti en este momento, diciendo que no Te abandonarán. Tu mano es poderosa sobre todos, por eso Te sirven y Te aman.