CUÉNTELES TODO A LOS SUYOS

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2026-03-25 03:00:00

Y aconteció que a los cuarenta años, el primer día del undécimo mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos.


Deuteronomio 1.3

La peregrinación iniciada por Moisés en Egipto, cuando sucedió el Éxodo —la partida de los hijos de Israel hacia la tierra de Canaán—, llegaba a su fin. Habían pasado 40 años en el desierto, donde tuvieron experiencias hermosas y algunas amargas con el Señor. En pocos días, Dios llevaría a Su siervo a la eternidad, y los israelitas tendrían que organizarse para poseer la Tierra Prometida. Entonces, Moisés se despidió de ellos y les dio las instrucciones que vinieron del Altísimo.

Al igual que Moisés, partiremos hacia nuestro Hogar celestial. Por lo tanto, debemos preguntarnos: siendo salvos, ¿nos preocupamos por escuchar las recomendaciones del Padre para darles a quienes permanecen aquí más tiempo? ¿Nos hemos esforzado por convertirlos en siervos fieles que verdaderamente conozcan al Señor? Tras nuestra partida de este mundo, ¿continuarán con Cristo o se extraviarán, perdidos para siempre? ¿Nos preocupa esto o no?

Hay tantas preguntas que, a veces, ni siquiera nos interesan las respuestas. ¿Por qué no ministramos la Palabra a quienes la necesitan? Quien no se preocupa por el futuro de sus seres queridos no sabe lo perdidos que están. Nuestra lucha es constante y atormentadora, porque la mundanalidad domina el corazón de muchos de los nuestros, y si no se convierten a Jesús, el pecado los llevará al fondo del lago de fuego y azufre (Apocalipsis 21.8). Es bueno tener la plena convicción de que somos hijos de Dios.

No cuidar bien de su familia hace que el cristiano sea peor que los incrédulos (1 Timoteo 5.8). Quienes no se esfuerzan por guiar a sus seres queridos a Cristo y los dejan indefensos, sin darle importancia a lo que les sucederá en el ámbito espiritual, son llamados irresponsables. Han creado vidas para dejarlas en manos del rey de la maldad, cuando deberían presentarlas a Dios como prueba de su amor por Él.

El mundo está lleno de cosas y situaciones creadas por el diablo para perseguirnos y sacarnos del Camino. Como discípulos de Cristo y testigos de Dios, debemos preservar nuestra familia y presentarla al Rey de reyes como prueba de que hemos cumplido nuestra misión al pie de la letra. Nunca cedamos a las obras de la carne ni a los problemas, sino obedezcamos el mandato de Jesús y seamos felices para siempre (S. Juan 14.27; 16.24).

No habrá excusa en el Día del Juicio. Si no ganamos nuestra casa para Cristo, ¿cómo podemos presentarnos ante Su presencia con las manos vacías? ¿Y respecto a los demás? ¿Los hemos llevado al Señor? Dios pedirá cuentas a los cristianos por la sangre derramada de los que se perdieron (Ezequiel 3.18, 20). Los salvos no pueden actuar según su conveniencia. Deben buscar la ayuda divina y no desistir de sus familiares, porque la Palabra de Dios dice: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.» (Hechos 16.31).

Antes de que sea demasiado tarde, comparezca ante el tribunal de Cristo, arréglese con su cónyuge y reconcíliese con quien ama, siendo un ejemplo vivo de alguien que ha peleado la buena batalla, ha acabado la carrera y ha guardado la fe (2 Timoteo 4.7-8). No se aceptarán excusas en el Día Final. ¡Es hora de velar y orar!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Padre, a quien honramos y amamos! Gracias por lo que permitiste que Israel pasara hasta llegar a Tu gloria. Eso nos enseña a evitar el fracaso. ¡Es bueno saber que podemos contar con Tu ayuda para que todos los de nuestra casa sean salvos!

Moisés invirtió 40 años de su vida en llevar a los hijos de Abraham, Isaac y Jacob a Canaán, pasando por todo tipo de crisis y viendo Tus obras en la vida de sus hermanos. ¡Tenemos que enseñar a los nuestros a amarte de verdad!

Cuando llegue nuestra hora de partir hacia Tu Reino, no deseamos ver a ninguno de los nuestros fuera del grupo de los salvados. ¡Que todo suceda como Tú lo has planeado! ¡Así entraremos en Tu Reino, de dónde nunca saldremos!