DIOS HABLA DE SU SANTUARIO
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2026-02-17 03:00:00
Dios ha dicho en su santuario: «¡Yo me alegraré; repartiré a Siquem y mediré el valle de Sucot!
Salmo 108.7
Las actitudes del Señor siempre se basan en el derecho que tiene como Creador de todas las cosas y justo hacia toda Su creación. Dios habla en Su santuario, donde toma decisiones. Es a Su trono a donde debemos acudir para que nuestras dudas y problemas se presenten y resuelvan (Hebreos 4.16). De ahora en adelante, veremos cuál debe ser la postura de los salvos al entrar en el santuario del Altísimo. ¡Prepárense para recibir la bendición!
Jesús es el Sumo Sacerdote perfecto, ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, como dicen las Escrituras: «Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre.» (Hebreos 8.1-2). Cuando Jesús murió, el velo del Templo se rasgó, abriéndonos el camino (S. Marcos 15.7-38).
Mediante la oración, entramos al Lugar Santísimo para buscar la solución de nuestros dilemas. Pero es bueno recordar cómo presentarnos ante la audiencia divina. El Señor nos da la instrucción: «Hazme recordar, entremos juntos a juicio. ¡Habla tú para justificarte!» (Isaías 43.26). Quienes llevan a alguien a juicio, o son llevados a rendir cuentas por lo que se les acusa, deben prepararse para que el diablo no «pruebe» que tal afirmación es justa (Éxodo 23.7; Efesios 4.27).
Nuestra entrada al juicio necesita la asistencia del Señor, el Juez del santuario, nuestro Salvador. Incluso siendo defendidos por Él, debemos saber lo que dice la Biblia sobre el asunto que nos llevó allí. Sin prueba de nuestra inocencia, no saldremos de la audiencia libres. Ahora bien, Jesús es nuestro Abogado (1 Juan 2.1), y si nos acusan, debemos citar los versículos a nuestro favor.
Al presentar las razones de Su derecho, usted saldrá victorioso. Para ello, lea la Palabra, anotando la información sobre su condición (Romanos 5.1). Quizás haya sido tentado a hacer algo que Dios condena, pero se detuvo y tuvo el discernimiento para no ceder a la malvada sugerencia. Como Jesús fue tentado en todo y no pecó, puede afirmar que usted también fue tentado y no cayó en el error (Hebreos 4.15).
Busque conocer sus derechos en Cristo, pues Él pagó su deuda espiritual y da a los que lo reciben como Señor y Salvador el derecho de usar Su Nombre contra cualquier mal que pueda venir, enviado del Infierno para hacerlos sufrir (S. Lucas 10.19). El siervo de Dios nunca debe aceptar ningún ataque; más bien, necesita reclamar del Juez justo su derecho a vivir libre del pecado. ¡Aprópiese de esto!
El propósito de entrar en juicio es salir justificado, absuelto. Después de orar y argumentar que no fue responsable de la tentación, eche el espíritu maligno que le rodea y crea que el Señor le ha escuchado. No hay manera de que el diablo pueda derrotarle con sus mentiras si el Juez le declara inocente. Si ha pecado, confiéselo y Dios le perdonará (1 S. Juan 1.9).
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de justicia y amor! Lo que dices en el santuario es ley, y se cumplirá tal como lo has anunciado. Tu declaración de que somos justificados en Cristo nos basta. Ayúdanos a apropiarnos de Tus revelaciones. ¡Esto nos hará bendecidos plenamente!
Tú eres la Verdad y Te regocijas en el santuario. Eres el único a quien podemos recurrir, porque, por las heridas de Jesús, hemos sido perdonados y limpiados de todo pecado, y las acusaciones del diablo han sido canceladas. ¡Nos acoges en Tus brazos y nos absuelves!
Somos Tuyos en todos los sentidos, por lo que aceptaremos lo que decidas hacer con nuestras vidas. Siendo nuestro Padre, nunca seremos expulsados de Tu santuario ni condenados por algo que no hayamos hecho. ¡Por Tu sentencia, hemos sido justificados!
