EL ENCUENTRO QUE CURA
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2026-04-30 03:00:00
Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos.
San Lucas 17.12
Como siervos de Jesús, comisionados para ir al mundo a realizar Sus hechos y otras aún mayores (S. Juan 14.12), debemos rechazar las tentaciones, pues nos desvían del camino al Cielo. Después de todo, Dios nos tiene como testigos de Su Hijo. No sabemos cuándo ni dónde quiere usarnos, ni qué problemas enfrentaremos, pero, con confianza y fe en Cristo, realizaremos la obra divina.
Aún estamos lejos de lograr todo lo que Jesús hacía, porque no mantenemos la misma comunión con el Padre que tenía el Maestro. Sin embargo, el Señor está aumentando nuestra fe y nuestro conocimiento, para que pronto podamos marcar la diferencia en esta generación. El mundo está lleno de malas noticias, y la gente atemorizada se une a los incrédulos, preguntándose cómo será el futuro. ¡Dios lo sabe!
Al entrar en una aldea, diez leprosos salieron al encuentro del Maestro. Se quedaron a cierta distancia, clamando a Cristo que tuviera misericordia de ellos. En aquella época, quien padecía esa enfermedad no podía vivir en la ciudad. Por lo tanto, eran expulsados al campo, ya que se creía que la lepra era altamente contagiosa y se contraía por simple contacto con la persona infectada. Entonces, Jesús le dijo al grupo que fueran a presentarse ante el sacerdote que los había declarado leprosos.
Jesús estaba convencido de que Sus palabras no pasarían (S. Mateo 24.35), sino que se cumplirían a través de nosotros. Aunque haya pasado mucho tiempo desde que Cristo nos instruyó a actuar como Él, todavía no hemos despertado para caminar a Su lado y ver cómo esas maravillas se manifiestan en nosotros y a través de nosotros. Dios quiere que seamos sus instrumentos, ¡pero no nos dedicamos a la Palabra ni a la oración!
La culpa de no aprovechar su potencial es nuestra, porque no buscamos al Señor para aprender a creer y a operar Su poder. Nuestros mensajes provienen de siervos que predicaron con una unción reducida, cuando, de hecho, necesitamos la unción que proviene de la Palabra de Dios. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos 13.8). ¡Así pues, usemos Su glorioso Nombre para obrar maravillas!
¿Cómo se convertirá el mundo si no ve las obras del Maestro en nosotros? Él nos designó para esto, pero no creemos verdaderamente en Sus palabras. En nuestra mente decimos que sí, pero en nuestro corazón falta sabiduría y valentía. ¿Cuánto tiempo durará esta actitud? ¿Cuánto tiempo más esperarán los enfermos a que las aguas se muevan? ¡Ponerse al servicio del Reino es el siguiente paso para que la sanidad pueda ser ministrada!
Debemos olvidar los lujos creados por quienes son engañados por el diablo. Hacemos todo lo que podemos por esas riquezas y para no dejar a nuestras familias en la miseria. Sin embargo, el siervo debe meditar en esta declaración de Jesús: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (S. Mateo 6.33).
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, Guía verdadero! Tú guiaste a Tu Hijo a través de Samaria y Galilea, y luego se produjo el encuentro con los diez leprosos. Para que el mundo crea, necesita ver las estrategias que usan Tus hijos que predican Tu Palabra.
¿Dónde están las aldeas donde encontraremos hombres y mujeres que sufren de enfermedades supuestamente incurables? ¿Dónde están los predicadores que tendrán una palabra profética para dar a los que sufren, la cual luego se confirmará? ¡Reavívanos, Señor!
Siempre bendices a quienes viven en aflicción porque creen que sus problemas no tienen solución. Ayúdanos a confiar en Ti, para que podamos caminar como Jesús, haciendo el bien en todas partes. ¡A Ti sea la gloria!
