EL GRAN EJEMPLO DEL SEÑOR

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2026-06-20 03:00:00

Se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, y puesto de rodillas oró.


San Lucas 22:41

Había llegado la hora de que Jesús fuera arrestado y entregado a las autoridades para ser juzgado y condenado. La muerte sería Su sentencia, pero no temía lo que le harían. Él mismo dijo: «Ahora está turbada mi alma, ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Pero para esto he llegado a esta hora» (S. Juan 12:27). La decisión había sido tomada en el Cielo, y Cristo la cumpliría. Aun teniendo la oportunidad de huir, no actuaría según la voluntad del enemigo.

Tan pronto como llegaron al Monte de los Olivos, el Señor les dijo a Sus discípulos que oraran para no caer en tentación (S. Lucas 22:40). Se mantuvo a unos 20 o 30 metros (un tiro de piedra) de ellos para orar. El Maestro sabía que se acercaba la hora de las tinieblas (S. Juan 14:30), así que les mandó orar, pero lamentablemente, estaban agobiados por el sueño y la tristeza, y no se pusieron a orar (S. Lucas 22:45). En la Palabra que el Señor nos dirige, hay más que un simple consejo; hay poder para resistir el mal.

El Hijo de Dios se arrodilló y clamó al Padre celestial por la copa que tendría que beber. Él suplicó diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (S. Lucas 22:42). Jesús sabía todo lo que le sucedería desde el momento en que lo llevaran ante las autoridades, quienes lo condenarían a muerte.

Los profetas habían predicho la muerte del Mesías, como Isaías, unos 700 años antes de lo que ocurrió en Jerusalén con el Salvador. El profeta previó el descenso de Cristo al infierno, simbolizado por Bozra, la capital del reino de Edom: «¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿Éste, vestido con esplendidez, que marcha en la grandeza de su poder? —Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.» (Isaías 63:1). ¡Crea en la verdad!

Lo peor estaba por venir. Cuando nuestros pecados fueran puestos sobre Jesús, Dios lo abandonaría momentáneamente. Esto sucedió, y experimentó la muerte espiritual, la separación del Padre: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lama sabactani?» (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?») (S. Mateo 27:46).

En gran agonía, debido al dolor que causaron nuestras transgresiones, Jesús tomó el vinagre, dijo: —¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu (S. Juan 19:30). Esta afirmación significa que ya no tenemos que sufrir nada, porque Cristo pagó el precio de nuestra redención. ¡Ya no estamos bajo el yugo del diablo!

El Salvador descendió solo al infierno (Isaías 63:2-8). El apóstol Pablo dijo que Cristo triunfó en la cruz y desarmó a los principados y potestades del reino infernal de la autoridad que Satanás le había arrebatado a Adán cuando pecó (Colosenses 2:15). Por la obra de Jesús, hemos sido liberados de todo mal. La Buena Noticia, el Evangelio, que Cristo nos encargó predicar a todos, es que, en Él, ¡somos libres!

           

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor, autor de la redención! No fuimos redimidos del mal con plata ni oro, sino con la preciosa sangre de nuestro Salvador. El Nuevo Pacto fue sellado con el sacrificio de Tu Hijo; por lo tanto, podemos considerarnos exitosos mediante la fe en Él.

No hay manera de que puedas anular este Pacto. Él nos da la autoridad para usar el Nombre de Jesús, como se nos ha instruido. Así, viviremos bien y disfrutaremos de lo mejor de este mundo, pues jamás seremos abandonados por Aquel que ha demostrado Su amor por nosotros.

Te damos las gracias por Tu amor y cariño hacia nosotros. En Cristo, todas Tus promesas se cumplen. Ayúdanos a comprender Tu Palabra para que podamos servirte mejor.