EL PRECIO DEL AMOR

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2026-07-06 03:00:00

 Porque Juan había dicho a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»


San Marcos 6:18

Por toda la eternidad, el mensaje que Juan el Bautista recibió del Cielo para dárselo a Herodes, diciéndole que no era permitido tener a Herodías, la mujer de su hermano, resonará en el alma del rey. Si hubiera obedecido este mensaje, podría haberse salvado, y entonces se habría producido un cambio radical en su comportamiento. De la misma manera, quien oye el mensaje de Dios, pero no lo obedece, clamará enloquecido por haberlo despreciado.

Los cristianos que evangelizan a familiares y amigos no son conscientes del bien que hacen. Pero quienes se resisten a la voz del Señor se lamentarán eternamente por no haberse entregado a Él. Los perdidos sufrirán hasta que escuchen al Señor, quien envió a Su Hijo a morir en la cruz por la humanidad. Sin un encuentro con Jesús, jamás verán la Luz. ¿Vale la pena estar perdido para siempre? ¡No! Mil veces no. ¡Escuche la Palabra y ore!

La Biblia registra el encuentro de Jesús con un joven rico que había hecho de su fortuna la razón de su vida (S. Marcos 10:17-22). Era religioso y, como tal, siempre estaba en la sinagoga. Podemos imaginar a la gente que pasaba por allí, predicando sobre la voluntad de Dios y, al final del sermón, diciéndole palabras que encajaban con su vida. Sin duda, el joven escuchó la voz del Señor, que le hablaba al corazón sobre lo que debía hacer, pero esto le inquietaba.

Como muchos que conocemos, el joven ya no disfrutaba yendo a la iglesia porque, durante el sermón, sentía que Dios le indicaba el camino correcto. Ya no asistía con regularidad a la sinagoga. La gente intentó ayudarlo, pero no lo consiguieron. Sin embargo, alguien le habló de Jesús y de la sanación de los enfermos. Así que debió preguntar si aquel hombre cobraba algo, y la respuesta fue no. Fue hacia el Señor llamándolo ¡Buen Maestro!

El joven debe haber pasado algún tiempo examinando la manera en que Jesús ministraba la salvación, la sanación y otras bendiciones. Fascinado por Cristo, el joven preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (S. Marcos 10:17b). El Salvador le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios» (v. 18). Ante estas palabras, el joven se quedó callado.

Jesús afirmó:  Los mandamientos sabes: “No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” (S. Marcos 10:19). El joven se alegró y dijo: «Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud» (v. 20b). Cristo lo amó y le dijo: «Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz» (v. 21b). Pero el joven se fue triste. El Maestro lo vio caminar hacia la perdición y explicó cuán difícil es para algunos entrar en el Reino del Padre.

A Herodes le gustaba escuchar a Juan, pero no seguía sus palabras. El rey estaba enamorado de Herodías. Pero eso no era amor, sino una pasión prohibida. Muchos no quieren negarse a la influencia de los demonios en su corazón (Jeremías 17:9). Lamentablemente, quienes actúan así no entrarán en la Gloria. Para entrar en el Cielo, ¡es necesario abandonar el pecado!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Padre, perfecto y amoroso! Jesús no favoreció al joven que había guardado los mandamientos desde niño, sino que lo vio retirarse triste para seguir el camino de la muerte y no hizo nada más. ¿A quién le hablas de cosas así?

Quien esté debatiéndose entre si debe o no aceptar Tus condiciones camina hacia la condenación. No es posible despreciar Tu voz y ganar el Cielo. Los requisitos para entrar en el Cielo son los mismos para todos. ¡Deje de amar al mundo!

¿Por qué alguien desea a la mujer ajena? Quien comete adulterio se rinde al pecado y se aleja de Ti. Aunque parezca increíble, muchos permanecen en la iniquidad y evitan reconciliarse Contigo. ¡Misericordia!