EL PUEBLO, ATÓNITO, CONCURRIÓ
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2026-06-09 03:00:00
Mientras el cojo que había sido sanado tenía asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
Hechos 3:11
La sanidad de un cojo de nacimiento hizo que el pueblo quedara maravillado por la obra que el Señor realizó. Imagine lo que harían todos en su casa o vecindario al ver que Cristo sanó a alguien que durante mucho tiempo sufrió una enfermedad incurable y ya había sido desahuciado por los médicos. Sin duda, celebrarían la sanidad y glorificarían al único que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia (Salmo 136:4). ¡Dios es tremendo!
El hombre cojo era conocido en su ciudad; por eso, las personas acudían atónitas para ver a los apóstoles. Era como si él fuera parte de sus familias. Mire lo que Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (S. Juan 14:12). ¡Quien cree en el Hijo puede hacer las mismas obras!
No hay nada mejor que leer en la Biblia acerca de las obras realizadas por el Salvador mientras estuvo en la Tierra. Estos relatos llenan nuestro corazón de fe y luz, pues prueban que Cristo no permaneció en la tumba donde fue sepultado, sino que resucitó para hacer maravillas en nosotros de la misma manera. Los que sufren deben ir a la iglesia para aprender todo lo que les corresponde. ¡Jesús es el mismo! (Hebreos 13:8).
El apóstol Pablo declaró su confianza en la predicación del Evangelio, que sana a los enfermos: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego” (Romanos 1:16). El Evangelio, la Buena Noticia, le da, a quienes lo escuchan, la fe que los hará creer y disfrutar las mismas maravillas que el pueblo de Dios vio en el pasado (Romanos 10:17). Quien crea verá milagros (S. Marcos 9:23; Hebreos 11:1).
En cierta ocasión, Pablo y Bernabé fueron a Jerusalén para resolver con los apóstoles la situación de los gentiles convertidos a Cristo, porque algunos judíos insistían en que ellos guardaran las ordenanzas de la Ley de Moisés. Pedro se levantó y contó cómo el Señor lo había usado entre los gentiles. Entonces todos escucharon atentamente a Pablo, quien les hablaba acerca de las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles (Hechos 15:12). Al oír esto, todos se tranquilizaron.
El Evangelio sin prodigios ni maravillas no se distingue de las religiones. Aquellos que no hacen las mismas obras de Cristo tienen dificultad para llevar a los enfermos y demás afligidos a la iglesia. Juan habló así de las personas que seguían al Maestro: “Y lo seguía una gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos” (S. Juan 6:2). ¡Queda claro que, sin las señales, los pecadores no irían a Jesús para ser salvos!
La sanidad realizada por Pedro y Juan junto a la puerta Hermosa del templo, en Jerusalén, hizo correr la noticia de que Dios concedió a quienes creen en Él el poder para ministrar sanidad a los enfermos y liberación a los perturbados y oprimidos. Así, las personas se acercan para oír las Buenas Nuevas y deciden entregar el control de sus vidas a Jesús y seguirlo. ¡Un milagro vale más que mil sermones!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
Padre, ¡Hacedor de maravillas! Aun en el Antiguo Testamento hubo personas a las que sanaste que pasaron a temer Tu Nombre. En el Nuevo, se realizaron prodigios en el Nombre de Tu Unigénito. ¡Hoy, Tu Reino sufre cuando tales señales no ocurren!
Jesús nos dio el ejemplo para actuar como Él. Sin embargo, hay quienes dicen que Tú no deseas que hagamos lo mismo. Muchas personas sienten miedo de usar la autoridad de Tu Nombre y se quedan paralizadas; después, culpan a otros —o incluso a Ti— por no recibir el milagro que desean. ¡Ayúdalas!
Creemos en Tu Palabra, que es completa y poderosa. Danos valentía y fuerza para predicar la salvación y demostrar que Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos. ¡Desde ahora Te agradecemos por Tu poder!
