EL QUE LO POSEE TODO

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2026-09-07 03:00:00

Mío es Galaad y mío es Manasés; y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador.

Salmo 60:7

David fue un instrumento de Dios para mostrar el afecto del Señor por Galaad, que, aunque perteneciera a la tribu de Manasés, simbolizaba el Nuevo Pacto de Cristo con la humanidad. Allí, la sanación se realizaba mediante un bálsamo; en el Nuevo Pacto, se produjo a través de las llagas de Jesús, cuando el Salvador padeció nuestras enfermedades (1 S. Pedro 2:24). Dios es omnisciente, por lo que debemos prestar atención a las revelaciones de su santa Palabra.

La tierra pertenecía al Señor, y también la sanación, si el pueblo usaba el bálsamo. Hoy, cualquiera es sanado si confiesa el santo Nombre de Jesús: «¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.» (Santiago 5:14-15). ¡Este poder sana a los enfermos y perdona sus pecados!

En aquel entonces, las personas con problemas de salud usaban el bálsamo de Galaad. La noticia se extendió tanto que los enfermos buscaban usarlo por su eficacia: «Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.» (S. Mateo 4:24). ¿Puede repetirse esto hoy?

Jesús nos mandó sanar a los enfermos. Una vez sanados, pueden arrepentirse de sus pecados y alcanzar la salvación que les está disponible. Incluso podemos impactar al mundo entero, pues la Palabra afirma: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» (Hechos 1:8).

        Existe una corriente de enseñanzas equivocadas que entró en la Iglesia poco después de la muerte de los apóstoles. Este pensamiento nos instruía a ser «buenitos», dóciles en el hablar, para que Cristo y Su doctrina fueran aceptados. Alrededor del año 150 d. C., existió un predicador llamado Montano, a quien se le prohibió usar la fe para curar a los enfermos. Los sabios enseñaron que la Iglesia debía abandonar el poder de Dios y dedicarse al estudio para refutar a los apologistas romanos.

El Imperio Romano adoraba a diversos dioses, incluso a demonios como hacedores del bien. Los apologistas, instruidos, criticaban la fe cristiana porque el imperio al que servían era politeísta. En contraste, la Iglesia incluso logró suscitar algunos apologistas «cristianos» que defendían la fe monoteísta, pero sin la guía divina. De hecho, deberían haber usado la misma «arma» que Jesús: el hacer milagros.

Jesús era la Fortaleza de la cabeza del Señor, no Efraín. Este último simbolizaba a Cristo, quien realizaría las mismas obras. Además, la Palabra es el Legislador: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.» (S. Mateo 23:15). ¡Crea en Dios, haga Su voluntad y alábelo continuamente!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares

La Oración de Hoy

¡Señor, nuestro Dueño! Es hermoso ver cómo tratabas a Galaad, diciendo que era Tuyo. Eso nos motiva a servirte. Además de ser Tus hijos, somos Tu propiedad y, por eso, ¡siempre estamos bajo Tu mirada!

Galaad es una parte de la multitud de los hijos de Manasés, el primogénito de José. Este no sabía la razón por la que le sucedían tantas cosas malas, pero Tu Espíritu le enseñaba a tener paciencia, ¡porque Tu plan para él era grandioso!

Efraín simboliza a Cristo. Sobre él reposó la mano de Jacob, así como Tu mano estuvo sobre la cabeza de Efraín y, por extensión, sobre la de Tu Hijo. Te damos gracias por haberle revelado Tu plan a David. Judá es el legislador, ¡Tu Palabra que dicta nuestro proceder!