EL RECONCILIADOR DE TODAS LAS COSAS

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2026-01-17 03:00:00

Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.


Colosenses 1.20

El hombre pecó y permaneció en enemistad con Dios. Este fue su gran error, pues en lugar de arrepentirse y buscar al Señor para confesar sus pecados y pedir perdón, Adán prefirió cubrirse con hojas y esconderse entre los árboles. No se presentó hasta que Dios lo llamó y le preguntó si había comido del fruto prohibido. ¡Adán confesó! (Génesis 3).

Tras escuchar la confesión, Dios empezó a preparar a la humanidad para la venida del Salvador (Génesis 3.15). Mientras tanto, proveyó los medios para preservar una generación de personas piadosas, pues la muerte vino a reinar en este mundo que está bajo el poder del maligno: «No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.» (Romanos 5.14).

El camino a la redención sería largo, lleno de altibajos. El diablo haría todo lo posible por impedir la venida del Mesías, pues quería mantener a la gente atrapada en el pecado y llevarla al sufrimiento eterno. Sin embargo, Satanás sabe que con Dios no se juega. El Padre celestial nos envió a Su Hijo para que creyéramos en Su sacrificio en la cruz. Esta obra anuló la sentencia de muerte eterna, nuestra separación del Creador. ¡Velen y oren!

La Ley de Moisés no era lo mejor que Dios tenía para el hombre, pero, dado que aún faltaba mucho para el nacimiento de Cristo, sería útil para los que se esforzaran por obedecer sus preceptos. Así, hasta la venida de Jesús, la Ley mosaica estuvo vigente, además de la doctrina de los Profetas y los Salmos. Era una preparación para el Evangelio —la Buena Noticia— que el Mesías mismo traería. ¡Lo mejor estaba por venir!

Jesús trajo la Verdad y la gracia, para que todo aquel que crece en Él no sea condenado, sino perdonado (S. Juan 1.17). Bajo la Ley, no se hablaba de expiación por los pecados, porque la sangre de bueyes y ovejas no quitaba el pecado ni purificaba a nadie de la culpa (Hebreos 10.1-10). Quienes morían bajo el Antiguo Pacto, creyendo que el Mesías vendría, eran llevados al seno de Abraham, pero quienes se resistían al plan divino eran llevados al Hades, la tumba, y no eran salvos (S. Lucas 16.19-31).

        Al morir, Jesús cruzó el “muro” de la separación, yendo al lugar de los muertos que esperaban Su venida, para anunciar que había vencido a Satanás, despojando a las huestes del Infierno de la autoridad robada a Adán, con la cual nos oprimían. Y habiendo desarmado a los principados y potestades, los humilló públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2.15). Desde entonces, la gracia y la verdad prevalecen en el mundo, ¡porque el Señor mismo las trajo!

Este es el mensaje que debe predicarse a todos. Sin esta información sobre la realidad espiritual, se convierten en meramente religiosos y, al no creer en lo que Jesús hizo por ellos, irán a la condenación eterna. ¡Es urgente que proclamemos la Verdad!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios de la Verdad! Por la sangre de Cristo, brindaste perdón, sanación y liberación al hombre que estaba enemistado Contigo. La sangre de Tu Hijo fue la garantía de nuestra redención. ¡Te damos gracias, de todo corazón, por este sacrificio supremo!

Quien crea en la Buena Noticia recibirá la salvación y el perdón de los pecados confesados. Por la sangre pura y santificadora de Jesús, todas las cosas se reconcilian con Tu poder y Tu santidad.

Padre, Te agradecemos porque Tu intervención nos ha llevado a aceptar a Tu Hijo como nuestro Salvador y Señor. Mediante el arrepentimiento, somos perdonados y salvados, y nuestras vestiduras espirituales quedan limpias de toda maldad.