EL RESTO DE SU PUEBLO
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2026-03-22 03:00:00
Asimismo, acontecerá en aquel tiempo que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el resto de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.
Isaías 11.11
Quienes hacen la obra de Dios nunca deben preocuparse por el ruido del diablo y sus demonios, creados para llenarnos de miedo y detener la obra que Cristo nos encomendó. El Señor nos prometió la victoria: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.» (Isaías 41.10). ¡Nada nos impedirá actuar!
Por todas partes hay descendientes de Abraham según la carne, restos de israelitas dispersos por el mundo debido a las persecuciones y guerras que surgieron contra Israel. Estos sobrevivientes, como la sal de la tierra, preservaron la vida y las costumbres de su pueblo: «Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.» (S. Mateo 5.13).
La mano de Dios está extendida para buscar el resto de Su pueblo en toda la tierra. El Señor desea ver a los patriarcas felices con el cumplimiento de Sus promesas. Cuando predicamos el Evangelio, permitimos que quienes se han apartado regresen a Cristo y, en consecuencia, al Reino de Dios. También los rescatamos del fuego eterno (Judas 1.23). Sin embargo, es importante enfatizar que necesitamos la intercesión de la Iglesia para cumplir nuestro llamado.
Dios está recobrando a quienes se han hecho dignos de ir a vivir al Cielo, porque creen en la obra de Jesús en Su muerte en la cruz. Cristo tomó sobre sí nuestros pecados y nuestros dolores (Isaías 53.4-5), lo que nos lleva a experimentar el nuevo nacimiento. No solo debemos hablar de las maravillas que Él realizó en el pasado, sino también invitar a todos a participar de esas mismas obras hoy, cuando muchos son salvos.
Cuando nos reunimos como Iglesia, oramos por los pecadores y los enfermos, y el poder del Cielo obra en medio de nosotros. Así, más personas creen en Jesús y desean liberarse de las supersticiones que las atan al enemigo y les impiden sanar de sus enfermedades y dar el paso más importante: el perdón de sus pecados y la salvación de la muerte eterna. Quien cree en Jesús encuentra la vida y pronto refleja un resplandor celestial en su rostro.
En cada servicio de adoración que ofrecemos al Señor, Él sana a los enfermos, libera a los cautivos y da vida a quienes morían sin Cristo. Así, hay alegría en el pueblo de Dios, pues las personas son liberadas de sus males. Con Jesús, la Verdad libera, porque Él es la Verdad misma. El diablo no puede mantener a la gente en el miedo y la tristeza. Por medio de Jesús, todos son salvos para vivir plenamente y felices.
No importa dónde se encuentre, el poder del Cielo le alcanzará cuando ore al Padre, en el Nombre del Hijo. Entréguese al Salvador ahora, sea salvo por Él y ande en vida nueva (Romanos 6.4).
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, Salvador de los perdidos! No podemos permitir que Tus manos se extiendan en vano. Con fe, podemos caminar sobre brasas y arrebatar a quienes están en las garras del diablo. ¡Somos Tus embajadores en la Tierra!
Te agradecemos por extender Tus manos, convirtiendo a millones de personas en la esperanza de las naciones, en lugar de vivir marginadas, pecando y quebrantando Tu ley divina y la de los hombres. ¡Úsanos para dar vida a todos!
Con Tu poder, podemos salir al mundo y realizar la obra que nos has encomendado, guiando a las personas a vivir la Verdad. Somos parte de Tu ejército de vidas que se consagran para ser usadas por Ti. ¡Úsanos para cumplir la misión!
