ÉL VENDRÁ A BUSCARNOS

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2026-02-03 03:00:00

Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.


San Juan 14.3

La primera venida de Jesús a la Tierra fue precedida por muchos anuncios de los profetas. Su misión era sacarnos del reino de las tinieblas y llevarnos al Reino de la luz, dando la salvación a la humanidad, que se había perdido en el pecado de Adán (Colosenses 1.13-14). Al morir por nosotros, cargó con nuestros pecados, nuestras enfermedades y nuestros dolores (Isaías 53.4-5). En la cruz del Calvario, exclamó: «¡Consumado es!» (S. Juan 19.30).

Lo que Cristo hizo por nosotros es mayor de lo que podemos comprender. Hizo posible que el ser humano volviera a tener comunión con el Padre, y desde entonces, basta con escuchar las promesas divinas. Mediante la fe, cualquiera puede mantener contacto con el Señor y ser liberado del mal. En Su Nombre, todos pueden ser salvos, obteniendo el derecho a ir al Cielo (S. Juan 20.30-31).

El Maestro reunió a Sus discípulos y les dijo que regresaría al Cielo. Esto los entristeció a todos, pues al estar al lado de Jesús, recibían la protección que necesitaban para evitar ser atacados por el maligno. Sin embargo, el trato que les dio el Señor les sirvió de lección para después de Su partida. Hoy, por el poder de Su Nombre, podemos cuidarnos como Él lo hizo con Sus discípulos (S. Juan 14.13).

El Salvador dijo que nos prepararía un lugar en la casa del Padre. Esto demuestra que nuestra estancia allí será maravillosa. Llegaremos con todo organizado y no nos faltará nada. En este momento, el Hijo amado ya ha hecho todo lo necesario para nuestra morada eterna. Por lo tanto, estemos vigilantes para no perder el día en que venga a llevarnos. ¡Viviremos en el mundo de la perfección!

El día de Su regreso será magnífico, y no podemos perdernos este momento de gloria. Quienes viven en pecado no disfrutarán de nada de lo que ha sido planeado. Ahora bien, sin los vestidos de bodas, nadie ascenderá al Cielo, e incluso si alguien lograra pasar el riguroso control divino, la ausencia de estos vestidos lo condenará a las tinieblas de afuera (S. Mateo 22.11-14). ¡Tengan cuidado!

Por haber aceptado a Jesús como Salvador y Señor de nuestras vidas, somos discriminados como si fuéramos peores que los malhechores. Sin embargo, esto no nos impedirá ser pueblo de Dios para siempre. No habrá un solo momento o lugar donde esté el Maestro en el que nosotros no estemos también. Después de todo, Él dice que somos Su pueblo (1 Pedro 2.9). ¿Acaso existe mayor honor que este? ¡Prepárense para ascender con el Señor!

Imaginen la tristeza que los perdidos sentirán por toda la eternidad, pues ni siquiera conocerán el Reino de Dios, un lugar de paz, amor y bondad. ¿Dónde estarán? Resulta inconcebible que alguien rechace el Reino de perfección, donde no habrá mentiras, crímenes ni demonios. Esfuércese por evangelizar a quienes aún no han encontrado a Jesús, pues sin Cristo, ¡el perjuicio será grande!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

 ¡Dios eterno! Para nosotros, los salvos, la segunda venida de Jesús no solo será motivo de alegría, sino también de tristeza y dolor, pues veremos a nuestros seres queridos quedarse para presenciar las tribulaciones que asolarán la Tierra. ¡El COVID-19 será insignificante en comparación con lo que está por venir!

Señor, toca nuestros corazones para que no abandonemos nuestra misión. Fortalécenos para cumplirla con las mejores intenciones, esforzándonos para que todos comprendan el significado de la salvación. ¡Queremos rescatar a muchos del lago de fuego!

Que la gente recapacite y abandone el pecado, pues nada se compara con lo que sufrirán por la eternidad. El lago de fuego y azufre será un lugar de tormento, no un parque de atracciones, como algunos piensan. ¡Ayúdalos, Padre!