EXTRAÑOS Y ENEMIGOS DE DIOS
COMPARTILHE
2026-01-18 03:00:00
También a vosotros, que erais en otro tiempo extraños y enemigos por vuestros pensamientos y por vuestras malas obras, ahora os ha reconciliado.
Colosenses 1.21
La condición del ser humano delante de Dios era completamente desfavorable, pues era como extraño y enemigo del Señor. Esta enemistad proviene de un entendimiento equivocado y de las malas obras de los que no conocen ni obedecen los mandamientos divinos, lo que permite al diablo ejercer dominio sobre sus vidas, llevándolos a desear lo malo y practicar el mal (Efesios 2.1-3).
En el pasado, los que no se sometían a la Ley desagradaban a Dios y vivían bajo la autoridad del maligno, siguiendo sus sugerencias. Pero, con la venida de Jesús, el anuncio de la Buena Noticia y la acción del Espíritu Santo en nosotros, nos sentimos afligidos por el pecado e invocamos el nombre de Jesús para que nos salve y nos libere (Romanos 10.13). ¡Él hizo la obra!
Tras el encuentro con Cristo, nos profundizamos en las revelaciones de la Palabra de Dios, leyendo Sus enseñanzas o escuchando Su predicación. Así, nuestros dolores y debilidades disminuyen, y pronto nos sentimos bien. Hoy, no cambiaríamos las bendiciones que hemos recibido del Padre por nada en este mundo. De hecho, el diablo quiere que volvamos a sus garras, pero estamos libres de él.
En la Biblia dice que Jesús nos reconcilió con el Padre, nos llevó a la presencia divina y obra en nosotros y a través de nosotros cada vez que lo invocamos y lo adoramos en espíritu y en verdad (Colosenses 1.21; Filipenses 2.13; S. Juan 4.23). Su Nombre nos da autoridad sobre las fuerzas del Infierno, las enfermedades, los males y las tentaciones que quieren llevarnos de vuelta al yugo del enemigo (Filipenses 2.9-11). ¿Por qué cambiaríamos nuestra condición de siervos libres por la de esclavos de Satanás, quien ya no puede tocarnos? (1 S. Juan 5.18).
Ahora, reconciliados con Dios por la sangre de Jesús, avanzamos para conocer mejor nuestra posición en Aquel que nos ungió y nos apartó para actuar en Su Nombre y hacer lo que Él hizo. El Maestro nos dio el ejemplo de cómo proceder en medio de las tribulaciones (S. Juan 13.15). Hoy, cuando el enemigo se levanta contra los siervos de Dios, el Espíritu Santo levantará bandera contra él (Isaías 59.19 – RVR1960). ¡El Señor es fiel!
De ser extraños y enemigos de Dios en nuestro entendimiento, a causa de nuestras malas obras, nos hemos convertido en sus amigos y fieles siervos, que practicamos buenas obras (Efesios 2.10). Ya no temeremos las provocaciones del diablo ni le daremos importancia alguna, porque estamos protegidos en el refugio del Altísimo, que jamás será descubierto ni invadido por el enemigo. En este refugio, los siervos del Señor no son sacudidos, aunque el mundo entero a su alrededor se desmorone.
¡Que vengan las luchas y las amenazas del maligno! Nada puede apartarnos de la presencia del Señor; después de todo, descansamos bajo la sombra del Todopoderoso (Salmo 91.1), de donde jamás saldremos. Nuestro Padre es mayor que todos. Nos guarda con amor y dedicación. Haciendo Su voluntad, no seremos sacudidos. ¡Sea fiel a Dios y verá que jamás Él le abandonará!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Señor nuestro! Te damos gracias por lo que has hecho por nosotros: entregar a Tu Hijo unigénito para que muriera en nuestro lugar, para que pudiéramos ser perdonados, liberados y reconciliados contigo. ¡Así, el pecado y el diablo perdieron la batalla!
Mientras éramos extraños y enemigos Tuyos, vivíamos en la angustia. Ahora, somos verdaderamente Tuyos. ¡Nada nos separará de Tu amor! Vivimos en paz y gozo eternos. ¡En Ti encontramos la plenitud!
Si ya no practicamos las obras del enemigo, ¿por qué temerle? Eran como cadenas del Infierno, que nos dejaban vulnerables al sufrimiento. ¡Pero somos libres de ellas y más que vencedores en Cristo!
