JUNTAMENTE A JUICIO
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2026-10-11 03:00:00
Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos; acérquense, y entonces hablen; estemos juntamente a juicio.
Isaías 41:1
Isaías nos advierte que compareceremos ante el Juicio de Dios. Por lo tanto, debemos estar en paz con el Señor y con nuestro prójimo. El profeta dice que todos deben escuchar al Altísimo, pues no se le preguntará nada. Sin embargo, cuando los ojos de las personas se encuentren con los de Cristo, confesarán sus malas acciones. El Juez no las interrogará, porque la Verdad las convencerá de confesar sus pecados.
Es bueno recordar el mensaje que Pablo dio en Atenas, cuando vio un altar dedicado AL DIOS DESCONOCIDO. Les dijo a los atenienses: «Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.» (Hechos 17:23). ¡El apóstol proclamó que el Señor es el Creador de todas las cosas!
Volvamos a las palabras de Isaías sobre las costas —personas reunidas en grupos con intereses comunes— que debían escuchar. Después de todo, fuera de la revelación de la Palabra de Dios, nadie lo encontrará, porque los argumentos humanos solo sirven para derrotar a quienes han pecado. Al ser predicado, el Evangelio habla de Jesús, transmitiendo el conocimiento de la Verdad. Entonces, al comprender y creer, la persona será perdonada y salva (S. Juan 3:16).
Cuando proclamamos las Buenas Nuevas, colocamos a las personas ante el Altísimo, para que sientan el deseo de conocer a Jesús, quien las liberará de las fuerzas de la oscuridad y la perdición. Esto sucede como si estuvieran ante un tribunal, donde se muestran todas sus obras, pero con la siguiente diferencia: Cristo ya pagó el precio de la salvación y, por este acto de misericordia, pueden recibirlo como Salvador y Señor (Romanos 8:1). ¡Ámelo!
El mensaje de las Buenas Nuevas hace que las personas renazcan en Cristo. Así, podrán ascender con Él en Su regreso, cuando sacará a Sus fieles de este mundo malvado (1 Tesalonicenses 4:13-18). Ese día será muy especial. Estaremos a su lado para siempre. No hay manera de tener vida abundante sin recibirlo. Cristo abrió el camino para que todos fueran liberados de la oscuridad (S. Juan 14:6). En Él, somos bienvenidos al Reino de los Cielos (Colosenses 1:13-14).
Recibir la salvación es sencillo. El hombre nace destinado al tormento eterno porque Adán desobedeció al Creador. Sin embargo, Dios envió a Su Hijo unigénito a morir en nuestro lugar, pues no había ni una sola persona justa. Jesús tomó sobre sí los pecados de Adán y los que habíamos cometido hasta entonces (Isaías 53:4-6). Con Su sacrificio, el Salvador despojó al diablo, el engañador, y resucitó para salvarnos. Al creer esto, usted es redimido del pecado resultante de la caída del primer hombre.
Cristo le explicó a un maestro en Israel la necesidad de que todos tengan una experiencia con Dios: «Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.» (S. Juan 3:5). Necesita este nuevo nacimiento. ¡Tome su decisión!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre, nuestro Salvador! ¿Cómo vamos a abrir los ojos de las personas para que se salven, si no contamos con Tu ayuda? Necesitan comprender que la vida continuará tras la muerte, y que quien no haya nacido de nuevo no podrá ascender a los Cielos en la segunda venida de Jesús. ¡Misericordia!
Queremos callar nuestras discusiones, pues, para vivir eternamente contigo, necesitamos seguir Tu Palabra y estar limpios de todo pecado. Debemos nacer de nuevo del agua y del Espíritu. ¡Necesitamos Tu sabiduría!
Mira a quienes aún no comprenden cómo actuar para liberarse de las transgresiones que manchan su vida. Muchos desean vivir en Ti para siempre; por eso, por Tu gracia, concédeles el perdón completo y así podrán ser llamados Tus hijos.
