LA IMPORTANCIA DE JESÚS
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2026-01-14 03:00:00
Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.
Colosenses 1.17
Cuando Dios formó el mundo espiritual y físico, el Universo entero, convocó a Su Hijo, Su Palabra (Colosenses 1.16). No sabemos cuánto tiempo transcurrió después de que el Señor creara a los ángeles y demás seres del reino espiritual, para luego crear el mundo material. La Biblia no dice nada al respecto. Sin embargo, en Génesis se menciona la creación de lo que hay en la Tierra, para ayudarnos a comprender que todo surgió bajo la orden del Padre, la cual el Hijo obedeció plenamente (Juan 1.1-3).
Cuanto más conozca la Santa Biblia y base su vida en ella, mejor vivirá y jamás le interesarán las sugerencias del maligno. La Palabra declara: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira.» (S. Juan 8.44). ¡Crea en la Verdad!
Muchas personas buscan descubrir lo que Dios no les ha mostrado. Sin embargo, no están preparadas para comprender ni experimentar estas cosas. Sobre esto, las Escrituras dicen: «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta Ley.» (Deuteronomio 29.29). Quienes se aventuraron a descubrir los misterios no revelados se perturbaron y se corrompieron.
Quienes han nacido de nuevo, habiéndose entregado a Cristo, deben buscar la misma prudencia que Él vio. Al hablar de Sus obras, declaró: «No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió.» (S. Juan 5.30). Caminando con prudencia, quienes guardan los mandamientos divinos jamás caerán en trampas (Salmo 31.23).
El apóstol Pablo afirmó que todas las cosas en él subsisten, en Jesús, el Verbo divino que se humilló a sí mismo al venir a este mundo con el propósito de salvarnos, llevarnos al cielo y ver al Padre glorificado por medio de Su Nombre (Filipenses 2.6-11). Es impresionante cómo el engañador llevó a Adán y Eva a comer del fruto prohibido, cayendo así de la gracia y separándose del Creador por el pecado cometido (Génesis 3). Recordemos: todo lo malo del mundo surgió con la caída del hombre (Romanos 5.12).
Sin embargo, no podemos quedarnos lamentándonos por lo que, sucedido en el Jardín del Edén, porque Jesús ya llevó los males y sufrimientos (Isaías 53.4-6). El Hijo de Dios es el Cordero de Dios que vino a expiar nuestros pecados (S. Juan 1.29) y a destruir las obras del diablo, como dice la Palabra: «Para esto apareció el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3.8b).
Cristo tuvo que ir solo al Infierno cuando murió (Efesios 4.9). Llevó nuestras transgresiones y se hizo pecado por nosotros, aunque Él no pecó. Jesús murió para librarnos del aguijón de la muerte y del dominio del diablo. Como dijo Pablo: «¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?» (1 Corintios 15.55). Ahora, todo lo que tiene que hacer es recibir a Jesús como Salvador y Señor. ¡Hágalo y vivirá!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Amado Señor! Jesús, el Cordero, quitó nuestro pecado para que fuéramos Tu gozo y Tu deleite. Ahora, en Tu presencia, Te damos gracias por tan grandioso acto. ¡Tu Nombre será proclamado por todo el mundo para que otros disfruten de Tu favor!
No debemos avergonzarnos de Tu gran acto de amor, pues mediante él proveíste para la humanidad la entrada y la vida en Tu Reino para siempre, cuando Tu Hijo pagó nuestra deuda y nos redimió del pecado de Adán. ¡Eres perfecto!
Tu Hijo es el Primogénito de toda la creación y vino al mundo a morir y darnos la salvación. Padre, al convertirnos en Tus hijos, dejamos de estar condenados y alcanzamos la victoria por medio de Cristo.
