LA MAYOR REVELACIÓN
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2026-09-10 03:00:00
Así dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.
Isaías 44:6
Fuimos creados según el plan del Altísimo, de la misma esencia que el Señor. Por lo tanto, descubriremos lo mejor de la vida en Su Palabra. Él es el Ser más completo y perfecto del Universo, tanto material como espiritualmente. Jesús es la Palabra de Dios, como afirman las Escrituras: «Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.» (Apocalipsis 19:13). ¡Al Señor sea la gloria y la alabanza!
El Evangelio de San Juan nos muestra el retrato exacto de nuestro Salvador: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.» (S. Juan 1:1-3). El resumen que el Espíritu Santo hizo para explicar la creación y la obra del Verbo es asombroso. ¡Él lo hizo todo, y nada fue hecho sin Su acción!
El error de Adán contaminó a la humanidad, entregándola a la muerte, la naturaleza de Satanás. Por esta razón, no había nadie que pudiera dar su vida como rescate por la humanidad. Así, para cumplir el plan de redención, el Verbo dejó Su gloria junto al Padre y vino al mundo para ser nuestro Salvador. Aquí, consumó la salvación perfecta, que se recibe por gracia divina. Cristo es nuestro Redentor, y es con Él con quien debemos tratar (Hebreos 4:12). ¡Somos privilegiados!
Aunque el Señor era el Rey de Israel, los israelitas, al ver a los hijos de Samuel juzgar al pueblo, deseaban tener un rey. Samuel se entristeció por esta petición, pero Dios ordenó que se le concediera. Sin embargo, el profeta también recibió guía divina para protestar, reafirmando que Dios era su Rey (1 Samuel 8). Algunos monarcas hicieron un trabajo casi perfecto, otros fracasaron por completo. Estas variaciones eran esperadas porque el pueblo aún no había nacido de nuevo. ¡El Altísimo nos ha protegido!
El Señor se identifica como nuestro Redentor. Esta afirmación es cierta porque Él nació como uno de nosotros y vino a morir en nuestro lugar (Gálatas 4:4-5). Aun siendo perfecto, tuvo que hacer lo que vio hacer al Padre (S. Juan 8:38). El Maestro nunca dijo nada malo; al contrario, Sus palabras siempre fueron buenas para la humanidad. Quienes practican Su obra deben seguir Sus ejemplos de obras espirituales (S. Juan 13:15; 14:12). ¡La Iglesia crece con estas bendiciones!
Es triste ver a personas actuando como si fueran dioses, condenando incluso las acciones del Señor a nuestro favor, en lugar de aprender de Él. El Redentor fue especial en todas Sus acciones. Habló y actuó como el Padre le mostró (S. Juan 5:20) y nunca dio un solo consejo mundano. Si queremos ser victoriosos, debemos mirar Su ejemplo, ¡porque Cristo es perfecto!
La Biblia enseña que debemos imitar al Señor en todo. Según Jesús, cuando actuamos de esta manera, caminamos hacia la perfección: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» (S. Mateo 5:48). Todas las personas, creyentes o no, necesitan ver la perfección en nosotros. ¡Esforcémonos por hacer el bien!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Único Dios! Es innegable Tu amor por el hombre, al que Tú creaste para que fuera Tu representante en el Universo material. Él cayó, pero Tú continuaste amando a la criatura con el amor más perfecto, ¡enviando a Jesús para redimir al hombre del pecado!
Te agradecemos por la gracia que nos has dado y por destruir las obras del enemigo. Ahora podemos caminar libres, con la cabeza en alto, porque el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. ¡Jesús pagó el precio de nuestra redención!
Anhelamos servirte y no usar a Tus ovejas para nuestro propio beneficio. El Día de Cristo revelará que somos Tu pueblo. En ese momento, seremos invitados a entrar en el Reino preparado para nosotros incluso antes de la creación. Padre, ¿quién puede resistirte?
