LA MISIÓN DEL SIERVO

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2026-04-27 03:00:00

¿No le dice más bien: “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú”?


San Lucas 17.8

Ningún siervo debe aceptar agradecimientos por lo que ha hecho al servicio del Señor, pues solo está cumpliendo con su deber. Aquellos que buscan el reconocimiento personal no recibirán nada del Cielo: «Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.» (S. Mateo 6.2).

No está mal, por ejemplo, que el dueño de un restaurante espere que el cocinero prepare buena comida y la sirva con refinamiento, si ese fue el servicio acordado. Al fin y al cabo, al responsable de la comida se le paga para que cumpla las funciones establecidas en el contrato de trabajo, firmado por ambas partes. El acuerdo puede ser escrito o verbal, y el incumplimiento del mismo se considera negligencia, susceptible de despido por causa justificada.

El jefe tiene derecho a exigir que la comida se prepare de una manera determinada, utilizando los ingredientes comprados bajo su autorización. Hemos sido «contratados» por el Señor para dar al mundo el Pan del Cielo. Por eso, debemos dedicar tiempo a preparar lo que transmitiremos al pueblo, después de haber sido instruidos por Dios. Nunca ministre lo que le plazca, porque el Reino de los Cielos está organizado, y lo que se anuncia debe provenir del Altísimo.

Un ejemplo de ello se produjo cuando Jesús hablaba con los judíos que no creían en Él: «Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar.» (S. Juan 12.49). La Biblia es la Palabra de Dios escrita, que contiene todo lo que necesitamos saber hasta los últimos minutos de nuestra vida. Al ser omnisciente y tener presciencia, el Señor nos ha revelado lo esencial.

Volviendo a nuestra condición de siervos de Dios, elegidos por Él para la importante misión de vivir de manera digna y gratificante, recordamos la declaración del Salvador: «Y cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.» (S. Marcos 9.41). ¡Obedecer a Dios trae recompensa!

¿Prepararemos la cena para alimentar a quienes tienen hambre de la Verdad? Jesús dijo que seremos recompensados incluso por dar un vaso de agua en Su Nombre. Esto significa que Él envía a quienes necesitan recibir, aunque sea un solo sorbo de la Sagrada Escritura. Para ofrecer la Palabra a alguien que necesita el mensaje celestial, debemos estar vestidos para la ocasión: en comunión con el Padre.

Revestirnos de la unción del Señor y servirle son actitudes que le alegrarán, pues estaremos obedeciendo las Escrituras. Después, a solas, debemos ofrecerle un culto de agradecimiento y comer del mismo alimento que Él nos dio para ofrecerlo a Su pueblo. ¡Jesús utilizó las parábolas con sabiduría, para que podamos aprovechar Su unción!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios, Maestro en todas las cosas! Podemos aprender de Ti y hacer lo que deseas, pues no hay forma de negarte algo que nos revelas. ¡Venimos de Ti y volveremos a Ti para recibir Tu recompensa en el día del Rapto!

Padre, dinos cuándo y dónde preparar la cena, pues debemos saciar el hambre de quienes no tienen qué comer. Necesitamos encontrar los ingredientes del banquete y dejarlo todo organizado para que Tu pueblo se alimente de Tu Palabra. ¡La falta del Pan de Vida es grande en el mundo!

Que nuestras vestiduras estén limpias, como nuevas, y podamos servirte llevando la revelación bíblica a los perdidos. Queremos verte en sus vidas, nutriéndolos con lo necesario para una vida victoriosa. ¡Después, participaremos de Tu cena!