LAS SOMBRAS DE LA TARDE
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2026-04-09 03:00:00
¡Anunciad guerra contra ella! ¡Levantaos! ¡Asaltémosla a mediodía! ¡Ay de nosotros, que va cayendo el día y las sombras de la tarde se han extendido!
Jeremías 6.4
Se dio la orden al enemigo de preparar sus ejércitos y marchar contra ¡La ciudad del gran Rey! (Salmo 48.2b), la cual, con su pompa, sería conquistada. Esta sería una de las batallas más espectaculares que librarían los oponentes de Israel. Jerusalén —antigua capital de Israel y posteriormente de Judá— era como una rosa que todos anhelaban obtener y que caería como cualquier otra ciudad conquistada por los babilonios, porque sus habitantes se habían alejado de Dios.
Cada día escuchamos de personas que una vez fueron usadas poderosamente por el Señor, pero sucumbieron a las tentaciones. Ahora bien, la persona salva que no habla de Cristo y del amor del Padre a los perdidos, cuando menos lo espere, caerá en manos del diablo por no temer a Dios. No es de extrañar que otros pueblos se opongan a quienes no tienen la fe que proviene de escuchar la Palabra ni perseveran en el Camino santo (Romanos 10.17).
La decisión estaba tomada. Entonces llegó el llamado, diciendo que era hora de que se levantaran. ¿Quiénes debían levantarse? Todo aquel que ama la Verdad y da al Señor la alabanza que merece. Debido a sus transgresiones, los habitantes de Jerusalén sufrirían, pues el Altísimo había dado permiso al adversario para actuar contra ellos, pues ya no le servían de todo corazón. Los rebeldes acudirían a la alfarería de Dios (Jeremías 18) para aprender a servirle.
El momento de la invasión estaba fijado. Ocurriría cuando el sol estuviera más fuerte. Miles de soldados estaban listos para entrar en la Ciudad Santa. En los días de Ezequías, Isaías había profetizado que los asirios no la atacarían; y, de hecho, en una sola noche, perdieron 185.000 soldados (2 Reyes 19.35). Ahora era diferente, pues los babilonios habían recibido permiso del Cielo para invadirla. Esto serviría de enseñanza a los hijos de Jacob sobre las consecuencias de no obedecer a Dios.
Los babilonios actuarían de forma diferente a otros ejércitos, que solo luchaban de día, pues atacarían al mediodía y lucharían hasta el anochecer, derramando todo su odio contra el pueblo invocado por el Nombre del Señor. La destrucción de Jerusalén sería total. Así, una vez vencida su resistencia, los supervivientes se dividirían en grupos. Los más cultos y los que tenían algún oficio serían llevados al servicio del rey Nabucodonosor. El resto quedaría en la ciudad devastada.
Las sombras de la tarde ya se extendían sobre los habitantes de Jerusalén como recordatorio de que pronto caería la noche, cuando no tendrían la luz del Cielo para ayudarlos. La verdadera noche llega a quienes les gusta pecar y no se arrepienten (S. Juan 9.4b). ¡Ay de los que no anduvieron en obediencia a Dios! Durante 70 años, no verían la gloria de la ciudad que simboliza la presencia divina. Los judíos vivirían bajo el látigo del enemigo.
Hoy, las sombras de la tarde amenazan a quienes no tienen una fe pura en el Señor. El regreso de Jesús está cerca, y muchos no ascenderán con los santos al Cielo para vivir junto al Salvador (1 Tesalonicenses 4.16-17). Porque se apartaron, han sido vencidos por quienes nunca imaginaron, y no llegarán muy lejos. ¡Es mejor creer en la Palabra y entregarse a Cristo!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre de la libertad! Vivimos días similares a los que vivió el pueblo de Jerusalén, que no creyó que permitirías la invasión del ejército del rey Nabucodonosor. ¿Cuántos quedarán en la Tierra para sufrir tras el regreso de Cristo?
Mientras tanto, la Iglesia se prepara para infligir la mayor derrota al enemigo. Muchos se sorprenderán con lo que sucederá. ¡Pero saldremos victoriosos y nos regocijaremos!
Para algunos, el regreso del Hijo de Dios será al amanecer; para otros, al mediodía; para el resto, en la tarde o en la noche. En realidad, podría ocurrir en cualquier momento. Será un evento global, que ocurrirá simultáneamente en la Tierra. Dios, ¡Te damos gracias por prepararnos para ascender con Cristo!
