MUCHOS QUE OYEN CREEN

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2026-06-12 03:00:00

Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los hombres era como cinco mil.


Hechos 4.4

Jerusalén estaba llena de confusión, pues los sacerdotes no sabían qué hacer con la fe en Cristo. Cuanto más perseguían la obra de Dios, más maravillas realizaban los siervos del Señor. Ellos habían aprendido con Jesús y, por eso, enseñaban al pueblo Su doctrina. En Pentecostés, el Espíritu Santo fue enviado (Hechos 2:1-4), y casi tres mil personas se convirtieron (Hechos 2:41). Ahora, vea que el versículo en estudio declara que casi cinco mil fueron salvos en Jesús.

El mensaje ministrado por Pedro y Juan al pueblo, que estaba atónito al ver la sanidad del paralítico —muy conocido en aquella ciudad—, hizo que todos se alegraran mucho. Los sacerdotes, el capitán del templo y los saduceos —cuya secta no creía en la existencia del alma ni del espíritu— se dieron cuenta de que la enseñanza apostólica conquistaba al pueblo, mostrando que, en Jesús, había resurrección de los muertos. Ellos arrestaron y metieron a los apóstoles en la cárcel por pura maldad.

En verdad, los religiosos no sabían cómo actuar respecto a los apóstoles de Jesús, porque las personas enseguida comenzaban a divulgar lo que habían presenciado. Las multitudes veían lo que sucedía y se maravillaban con los enfermos sanados, los perdidos salvos y toda clase de prodigios. Ese es el Evangelio que Jesús garantizó que sería predicado para que viniera el fin (S. Mateo 24:14).

Mucha gente iba a comprobar si las maravillas relatadas eran realmente como decían y, al constatar su veracidad, comenzaba a creer en el mensaje que impacta y transforma vidas. No se trata de poder humano, porque la conversión es operada solamente por el Espíritu Santo (S. Juan 16:8). La verdad es que, sin la participación directa del Señor, no veremos transformación de vida (2 Corintios 5:17). Sin eso, no hay obra de Dios, sino de la carne. ¡Crea, ore y viva!

Es necesario predicar bajo la unción divina, para que las personas entiendan que esto es obra del Cielo; de lo contrario, nada bueno haremos. Después de todo, si alguien va a un culto, pero no siente que Dios le habla al corazón ni siente el poder del Cielo, aunque se haya emocionado profundamente, en realidad, nada significativo le sucedió. Le rendiremos cuentas al Señor de la obra que Él nos mandó hacer.

No podemos perder tiempo con cosas que provienen de la mente humana, la cual apela a emociones “fabricadas”, provocadas por personas sin la unción de lo Alto. Aquellos que hacen la obra del Señor deben consagrarse siempre para actuar como Jesús. Él dijo: “Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no lo atrae; y yo lo resucitaré en el día final” (S. Juan 6:44). ¿El Padre usa vasos en pecado? ¡No! ¡Ore y santifíquese!

En el capítulo 3 de Hechos, Pedro comenzó a predicar su mensaje diciéndole a sus oyentes que ellos habían matado a Jesús cuando, en Su juicio, gritaron: “¡Crucifícalo!”. Ellos mataron al Autor de la vida, pero al tercer día Él resucitó. Nosotros fuimos muertos y resucitamos con Cristo para ser testigos de que no debemos despreciar las bendiciones de Dios.

 

           En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor de la salvación! Tenemos que abrir los ojos para ver lo que Tú nos has revelado: sin arrepentimiento, nadie será salvo. Es necesario enseñar que la salvación es el mayor don que Tú nos concedes y que, sin ella, nadie subirá al Cielo con Jesús.

Tú sabes lo que hacemos mal, pero Te pedimos perdón. Sin él, jamás tendremos Tu compañía ahora ni en la eternidad. Abre nuestros ojos para contemplar Tu obrar y líbranos de las tentaciones. ¡Queremos seguir siendo Tuyos!

Acércanos a Tu Espíritu, que nos convence de pecado, de justicia y de juicio. Haz la obra necesaria en nuestro corazón para Tu gloria. Solo Tú puedes transformar a quien desea caminar Contigo. ¡Tú nunca desistes de los Tuyos!