NO HAGA TROPEZAR A NADIE

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2026-04-25 03:00:00

Más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar que hacer tropezar a uno de estos pequeños.


San Lucas 17.2

Después de contar la parábola del rico y Lázaro el mendigo, que muestra el beneficio de andar en comunión con Dios, Jesús nos enseñó el valor de la salvación. Después de la muerte, el hombre irá inevitablemente al destino eterno que eligió. El rico era el que se había apartado de Dios, y el mendigo, un creyente. Por lo tanto, tenían futuros diferentes. ¡Cuidado!

Satanás es el engañador. Cada día viene con las peores propuestas, y muchos le obedecen. La mayoría, al tomar conciencia de su propia condición, siente un gran remordimiento, pues se da cuenta del dolor que causó al haber herido a alguien moral o físicamente, pero no se atreve a pedir perdón por su acto. Si, después del remordimiento, la persona se arrepiente, hace lo correcto. Sin embargo, si nunca da ese paso, estará en problemas para siempre.

El arrepentimiento lo llevará a los brazos del Señor; de lo contrario, su fin será en el lago de fuego y azufre. ¡Esto no es un juego! Su futuro y el de toda su descendencia estarán marcados por el pecado que haya cometido. Si no hay arrepentimiento sincero, ni búsqueda de reconciliación con Dios, ni reparación del daño causado, no habrá remisión de su falta (S. Lucas 12.58).

Al ser absuelto, verá la alegría del Cielo inundar su interior. Así, la restauración de su comunión con Dios será evidente. Entonces, la fe en Cristo llenará su vida y nada le será imposible. No corra el mismo riesgo que el hombre rico de la parábola, que vivía bien vestido y comía manjares exquisitos, pero no caminaba con el Señor. La forma en que una persona muere es perpetua. ¡Es tiempo de arrepentirse!

El arrepentimiento derriba el monumento del pecado. Por eso, reconozca su error y comience a caminar con Dios, a amar a su prójimo y a disfrutar del poder que Él ha dado a quienes honran a Jesús, quien pagó el precio de nuestra redención en la cruz. Algunas personas insensatas se creen superiores a los demás, llegando incluso a condenar a quienes han pecado. Estas personas descarriadas ni siquiera piensan en retomar el camino que perdieron. ¿Qué hará?

El apóstol Pablo resumió su ministerio de la siguiente manera: «Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.» (Hechos 26.18). Yo digo lo mismo, pues también he sido llamado a apartar a la gente del camino del infierno y a guiarla hacia la salvación, para que ascienda con Jesús en Su regreso. ¡Crea y actúe!

Este tema es tan serio que Jesús declaró que sería mejor para una persona ser arrojada al mar con una gran piedra de molino atada al cuello, sufriendo así una muerte horrible, que escandalizar a alguien con mentiras. Medite y ore, ¡pues esta podría ser su última oportunidad para alcanzar la salvación!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor, Perdonador incomparable! Con lágrimas en los ojos, Te pido que esta persona que ahora llora sea como el hijo pródigo, que se levante y vaya a Tu encuentro, pues no puede encerrarse en sí misma y perderse para siempre. ¡Ten misericordia!

Quizás le prometió a alguien que jamás revelaría el macabro plan que la involucraba a ella y a su felicidad eterna. Sin embargo, como ministro de Tu Palabra, rompo este manto de piedra fría que la ha vuelto insensible a Tu toque.

Gracias por lo que acabas de hacer. No hay mayor recompensa que demostrar que hablaste con esta persona, quien se convertirá y será liberada de las garras de Satanás. ¡Será bienvenida en Tu Reino!