NUNCA HABÍAN ENTRADO

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2026-10-13 03:00:00

Los siguió, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado.

Isaías 41:3

La obra que Jesús completó con Su muerte en la cruz, al descender a los Infiernos, fue para beneficio de quienes acuden a Él para recibir la salvación de sus almas, la sanación de sus cuerpos y la liberación del castigo que el hombre sufriría por desobedecer a Dios. Todas estas bendiciones se encuentran dentro del Nuevo Pacto establecido por Cristo con el Padre, al derramar Su sangre para llevar a Su pueblo a casa (S. Lucas 22:20). Hoy, los salvos están en las manos de Dios, de donde jamás podrán ser arrebatados (S. Juan 10:27-29). ¡La salvación es real y eterna!

El Hijo de Dios fue al lugar donde el diablo tenía su cuartel general y lo derrotó junto con sus príncipes malditos. Fue un momento decisivo, porque, con la cabeza aplastada por Jesús, el rey del mal no supo qué hacer para mantener el poder que le había robado a Adán. Pablo dijo que el Señor despojó al maligno de la autoridad con la que oprimía a la humanidad: «Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15).

Después de este gran acto, algunos dicen que el Salvador desfiló ante las autoridades angélicas que le sirven. Satanás fue colocado al frente y, junto con sus demonios, afirmó haber sido derrotado. Para muchos, esto es nuevo, ya que no se les ha enseñado la Verdad que libera a cualquiera en el momento en que se rinde a Jesús. ¡Debemos mostrar la Palabra a todos para que puedan participar de la victoria del Redentor en Su muerte y resurrección!

El final del versículo base es hermoso, pues declara que, después de haber vencido a los seres infernales, Cristo pasó en paz por un camino por donde sus pies nunca habían entrado. El Salvador es perfecto y actúa en toda situación y vence las artimañas del enemigo. Esto es lo que vino a hacer en la Tierra: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.» (1 S. Juan 3:8b). ¡Las obras del diablo han sido destruidas!

Siendo el Dios que era, es y será por siempre (Hebreos 13:8), conocía los caminos trazados en la Tierra, pero Sus pies aún no habían pisado el lugar de tormento cuando fue solo a destronar a Satanás y a su ejército del poder para oprimirnos (Apocalipsis 1:8). Jesús jamás se perdería, porque Él es la Luz que ilumina a quienes lo reciben como Salvador y Señor (S. Juan 8:12). Todas las obras del Maestro tienen como propósito recuperar para sí a los perdidos.

Estoy convencido de que, en el Cielo, sabremos lo que Jesús hizo para darnos vida eterna y librarnos de las acciones del reino de las tinieblas. No escatimó esfuerzos para someter a los espíritus inmundos que intentaban esconderse y transitó con la seguridad necesaria por el camino que había trazado desde la creación del mundo. Lo importante es saber que Él destronó a los demonios.

Cuando el Maestro lo use, no intente comprender el camino que tendrá que recorrer para alcanzar la victoria contra las fuerzas del mal. Dios estará con usted para confirmar la derrota que el enemigo ya ha sufrido en su propia casa. Hoy somos vencedores en las batallas de la fe (Romanos 8:31-39). Por lo tanto, jamás permita que el tentador le oprima ni se esconda de usted. ¡Jesús ya le ha quitado su poder!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares

La Oración de Hoy

¡Señor, nuestro verdadero Amigo! Es maravilloso haber conocido a Jesús como el Salvador y Señor de nuestra vida. Así, podemos alabarte sin el más mínimo temor a que algún día seamos derrotados. Tu Hijo despojó al engañador por nosotros; ¡ahora solo nos queda celebrarlo!

Es maravilloso leer sobre la derrota que Jesús infligió al enemigo. Persiguió al diablo y a sus demonios, y los encontró acorralados, desanimados y desesperados. Hoy, nada del enemigo nos atemoriza, porque, al ser guiados por el Espíritu Santo, ¡solo nos queda celebrar!

¿Quién podría imaginar que existía un sendero secreto creado al principio de todo y por el que el Mesías nunca había pasado? El buen Pastor pasó en paz y, por eso, es digno de ser llamado nuestro Salvador. ¡Te damos las gracias por habernos rescatado del mal!