OBEDIENTE HASTA LA MUERTE
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2026-06-19 03:00:00
Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2.8
Obedecer al Señor es una de las mayores virtudes de una persona. Esa actitud la conducirá a la vida eterna, en el Reino de Dios. Pero quien se deja llevar por las ofertas del diablo no sabe cuánto mal se hace a sí mismo y a los demás (S. Mateo 7:21-23). Todo en la vida pasa, pero aquel que cumple el plan del Altísimo nunca será olvidado ni abandonado por Él. Lo importante es vivir según la Palabra del Señor, para no caer en las garras del destructor, nuestro enemigo.
No hay palabras suficientes para explicar el amor de Dios por nosotros. Estando con el Padre en la creación de todas las cosas, en Su Reino donde todo funciona perfectamente y ningún mal existe, Cristo se despojó a Sí mismo y, dejando las prerrogativas inherentes al Soberano en los Cielos, se redujo a la semilla humana y nació aquí (Filipenses 2:5-8). ¡Qué inmenso amor tiene Él por nosotros!
Cuando los líderes judíos discutieron con Jesús, por no entender el lenguaje que era superior al de ellos, Él los soportó, pues sabía que ellos eran de abajo, de la Tierra, y Él, de arriba, del Cielo (S. Juan 8:23). La paciencia era una de Sus virtudes, la cual también debemos tener con los perdidos. Él no Se mostraba superior a los religiosos de Su época, sino que los advertía con la humildad del Maestro de maestros.
Jesús vino al mundo como ser humano, pero no actuó como los hombres que aman las cosas equivocadas y no se contentan con poco. Cristo tenía una mente brillante. Él jamás la contaminó con las ofertas del tentador. Muchas personas no perciben que el pecado retrasa sus vidas, y nadie debe pensar en hacer maldades contra el prójimo, pues el mal funciona como un cáncer que necesita ser extirpado.
Al encontrarse en forma humana, Cristo no actuó como ninguno de ellos; al contrario, Se esforzó por hacer que caminaran con Dios. Quien siga la orientación de la Palabra seguirá el ejemplo de Jesús y nunca caerá en las redes del enemigo, el cual tentará a la persona y la hará fracasar en la vida. ¡El diablo hace todo para quitarnos de nuestra posición en el Señor y colocarnos debajo de sus pies!
Todo aquel que tenga los mandamientos de Dios y los guarde será amado por el Señor y no le faltará nada, porque el Padre y el Hijo, por el Espíritu Santo, habitarán en ella, conforme Jesús enseñó en S. Juan 14:23: «Respondió Jesús y le dijo: —El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él.» ¿Existe privilegio mayor? ¡Creo que no!
El Salvador sabía que vendría al mundo para morir en nuestro lugar. Él salió del trono de esplendor, se encarnó, cumplió Su ministerio, hizo discípulos y, finalmente, envió Su Espíritu para morar en quien guardara Su Palabra (S. Juan 14:17). Después de morir en la cruz, descendió al reino de los muertos, el Infierno, para vencer a Satanás por nosotros. Luego, resucitó y ascendió al Cielo. Desde entonces, está sentado a la derecha del Padre, y nosotros también estamos sentados con Él (Efesios 2:6; Col 2:15).
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, amado Redentor! Nuestra redención fue concluida, porque Jesús siguió hasta el fin en la misión que Tú le diste. ¡Cristo nació de una virgen, por obra y gracia de Tu Espíritu, la tercera persona de la Trinidad!
En la cruz, Jesús pagó el precio de nuestra salvación. Él destronó el reinado de la muerte, venció el poder del diablo y resucitó al tercer día para nuestra justificación. Hoy, nada le debemos al diablo, que llevó a Adán a la caída e hizo de sus descendientes siervos del pecado. ¡Ahora, en Cristo, somos verdaderamente libres!
Padre, queremos aprender a amarte más, y eso es posible por la acción de Tu Espíritu en nosotros, cuando nos inclinamos a aprender de Ti. ¡Tú nos condujiste a Tu Reino, donde existe todo lo bueno!
