PARA QUE LE SIGUIESE
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2026-10-12 03:00:00
¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo, como hojarasca que su arco arrebata?
Isaías 41:2
Cuando Adán pecó, nacimos separados de Dios, caminando hacia el sufrimiento eterno. La Biblia declara que no había ningún justo capaz de morir por nosotros: «Como está escrito: No hay justo, ni aun uno» (Romanos 3:10). Ante esto, el Padre miró a Su Hijo y declaró que Él salvaría a la humanidad. Solo Jesús era sin pecado y podía rescatar a la humanidad del Infierno. ¡Él era el Justo!
Cristo es la persona de la Trinidad responsable de la creación. Él es la Palabra de Dios, la Palabra que obedeció el mandato del Padre. Por eso, todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (S. Juan 1:3). Él murió en nuestro lugar, cumpliendo el plan del Altísimo. Por medio del Salvador, las personas nacen de nuevo y, en Su Nombre, realizan las mismas obras que Él hizo (S. Juan 14:12).
Jesús fue despertado del oriente y llamado a estar junto al Padre para justificarnos. Él es el único que nació en la Tierra, pero no se separó de Dios, y vivió sin pecar jamás. El Mesías es el camino para que recibamos el perdón de nuestros pecados, porque Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5). ¡Por medio de Él somos salvos y sanados!
El Señor se ha mostrado benévolo con todas las naciones. No hay error en Sus enseñanzas, y mediante Su ministerio, los enfermos o afligidos por otros males jamás perderán la batalla contra el diablo. La gloria del Padre otorgada a Jesús, con la cual obró, liberó a los que sufrían. Ninguna declaración sobre Cristo necesitaba ser reformulada. Su Nombre en nosotros obra lo que Él hizo (S. Marcos 16:17).
El ejemplo de Jesús nos dio autoridad sobre los espíritus del reino del mal: «He aquí, yo os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os dañará.» (S. Lucas 10:19). Es imposible que el diablo desobedezca al cristiano que, en el Nombre del Señor, ordena la expulsión del mal de una vida atormentada por él.
El poder dado al Salvador es mayor de lo que podemos imaginar, y todos los que creen en Él reciben la plenitud del Espíritu Santo. Con esto, se les capacita para realizar las mismas maravillas que realizó el Maestro. Ningún cristiano genuino es visto como impotente en el mundo espiritual, incluso si antes ha sido fuertemente usado por el enemigo; después de todo, su alma fue lavada con la sangre de Jesús.
Cristo venció a los reyes del mal con Su Espada, la Palabra de Dios, y estos espíritus malignos fueron dispersados como polvo y paja, residuos que el viento se lleva. Es necesario que las personas comprendan la autoridad que se les otorga al aceptar a Jesús como Salvador y Señor.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios Todopoderoso! No hay palabras para describir Tu bondad y misericordia hacia la humanidad. Tú nos salvas de nuestros pecados, declarándonos libres de todo mal, y unges nuestra lengua para que actuemos como actuó Tu Hijo en la Tierra.
Es bueno saber que el Justo vino a ministrar a Tus pies y, al encontrarnos lejos de Ti, nos salvó. Hemos sido absueltos de nuestras transgresiones, perdonados por completo y, ahora, Te servimos en espíritu y en verdad.
Cuando Él vuelva a buscarnos, los que estén muertos se levantarán para vivir en Tu casa y serán ciudadanos de Tu Reino. Te damos las gracias por liberarnos de todos los males derivados del pecado en el Edén. ¡Siempre Te estaremos agradecidos!
