¿POR QUÉ SUFRIR?
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2026-06-11 03:00:00
Pero Dios ha cumplido así lo que antes había anunciado por boca de todos sus profetas: que su Cristo habría de padecer.
Hechos 3.18
Nadie tiene que padecer los males que afectan a las personas en el mundo, sobre todo aquellas que todavía se resisten a aceptar a Jesús como su Salvador y Señor. Jesús ya pagó el precio para que la humanidad fuera bendecida por Dios. Por eso, ordene que salga el mal que atormenta su vida, pues usted también fue beneficiado por el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.
El secreto para librarnos de cualquier tentación, perturbación o enfermedad es entender que los salvos no tienen que aceptar ninguna desgracia que les sobrevenga, porque el Salvador cumplió aquello que los profetas declararon sobre Él. Isaías declaró claramente: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). ¡Solo hay que creer en Jesús!
Este versículo escrito por el profeta, iluminado por el Espíritu de Dios, no deja dudas: el Padre celestial hizo recaer sobre Su Hijo todas nuestras iniquidades. Dios también hizo caer sobre Cristo nuestras enfermedades y dolores, Por darnos la paz, cayó sobre Él el castigo (Isaías 53:4-5). Quien se entrega a Jesús acepta la obra de la salvación mediante Su muerte y resurrección. ¡Ponga esto delante de sus ojos y resista al mal!
No fuimos llamados al Reino de Dios para quedarnos quietos, con los brazos cruzados, sino para pelear las batallas del Señor. Usted, así como cualquier otra persona, debe seguir las Escrituras, resistiendo por el poder del Nombre de Jesús: “Pues aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (Hebreos 12:4). Hasta la sangre significa hasta la muerte. El Maestro afirmó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (S. Juan 11:25).
Hay muchas cosas que debemos hacer en el día a día para obedecer a Dios. Su Palabra nos advierte: “Maldito el que no confirme las palabras de esta Ley para cumplirlas.” Y dirá todo el pueblo: “Amén”. (Deuteronomio 27:26). Es nuestra obligación cumplir todas las ordenanzas que se nos revelan por medio de la lectura bíblica o durante la prédica en los cultos. Quien no se apropia de su bendición permanece bajo maldición. ¡La Iglesia tiene que vencer!
Es bueno entender que Dios ha cumplido así lo que antes había anunciado por boca de todos sus profetas. Por eso, no acepte ninguna mentira del diablo, porque la Palabra es la Verdad. Jesús le pidió al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (S. Juan 17:17). Afírmese en la Verdad y abandone la mentira, que mata y destruye su fe. Los sabios alegran el corazón del Padre; los mentirosos, no (Proverbios 23:15).
El salmista dijo: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Salmo 119:160). ¡Despierte, hijo de Dios! Jesús ya sufrió todo lo que podría afligirlo y perturbarlo. Entonces, ¿por qué seguir sufriendo y dándole lugar al diablo para que lo engañe? Crea en lo que ha aprendido hoy en este mensaje. Su fe lo une a Dios ahora mismo. ¡Tome posesión, vele y ore!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de poder! Delante de Ti, asumimos nuestro lugar, conforme declara Tu Palabra, pues ella es la Verdad. En el Nombre de Jesús, ordenamos que todo mal salga y no vuelva jamás; después de todo, ¡Cristo sufrió en nuestro lugar para liberarnos!
Determinamos nuestra sanidad para que Tú seas glorificado en el Hijo, quien vino al mundo para librar a la humanidad del sufrimiento eterno. Ahora somos Tu pueblo y declaramos que todo mal ha sido destruido.
Nuestra decisión es definitiva, porque Jesús completó Tu plan. Te agradecemos por habernos revelado la Verdad que libera, sana y nos da condiciones para resistir al maligno, sabiendo que, en Tu Nombre, él huirá de nosotros. ¡Amén!
