¿POR QUÉ TEMER?

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2026-07-16 03:00:00

Él les dijo: —¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.


San Mateo 8:26

Durante la gran tempestad en el Mar de Galilea, los discípulos pasaron por una gran prueba de fe. Mientras remaban, la barca era azotada por las olas, y Jesús dormía. ¿Estaba el Maestro tan somnoliento que la tormenta no le preocupaba, o simplemente quería darles una buena lección? Me quedo con la última opción. Nada es peor que darse cuenta del peligro y tener a alguien durmiendo a su lado. Entonces, como el viento se había enfurecido y el mar se agitaba cada vez más, decidieron despertarlo para que los ayudara.

¿Cuántas veces parece que los problemas nos destruirán? Contábamos con la ayuda del Señor, pero el tiempo pasó y no hubo ninguna señal de que vendría en nuestro auxilio. ¿Cómo debemos actuar? Los discípulos de Jesús lo despertaron y gritaron: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (S Mateo 8:25b). Como ellos, debemos «despertar» a nuestro Ayudador y clamar por Su ayuda urgente.

Si un día se encuentra en una situación similar; si las tempestades de la vida lo envuelven de tal manera que se asusta y no ve ninguna señal de que Dios está obrando, levántese y, en el nombre de Jesús, exija que el mal, que parece estar ganando la batalla, se retire y no regrese jamás. Antes de reprender al viento, Cristo preguntó a Sus discípulos: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?» ¡Vele y ore!

En ese momento, no era la falta de fe de los discípulos, sino el miedo lo que los dominaba. Ahora bien, este sentimiento es una puerta abierta por la que el enemigo puede atacarnos de tal forma que ni siquiera podemos razonar. En ese momento, lo mejor que podemos hacer es confiar, con todo nuestro corazón, en Aquel que nunca ha fallado, Jesús, y reprender al mal para que desaparezca y la paz vuelva a reinar.

Jesús hizo lo que cualquiera de ellos podría haber hecho, pero no sucedió. Ahora, debemos creer en el acto de reprender a los vientos y al mar para que la tormenta pase, e imitarlo, pues es una valiosa enseñanza. Sin embargo, esto solo será posible si estamos en plena comunión con Dios (S. Juan 15:1-7). Tenemos que actuar como dueños de la situación antes de que parezca que los vientos amainan y el mar se calme. Sigamos las enseñanzas de Cristo y actuemos en Su Nombre (S. Juan 14:12).

No podemos comportarnos como quienes dicen una cosa y esperan a que otros hablen. El diablo siempre actúa así, pero no podemos temerle. Creyendo que Jesús nos enseñó la Verdad, debemos actuar conforme a ella: «Antes bien, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso; como está escrito: «Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado.» (Romanos 3:4b). Si todo hombre debe ser mentiroso, ¡cuánto más cuando si se trata de demonios!

Nada es más gratificante que confiar en que la Palabra nunca falla. Por lo tanto, no permita que el pecado, las mentiras ni ninguna otra maldad existan en su vida. Puede y debe actuar en el Nombre de Jesús, confiando en Dios. Después de todo, Él confía en aquellos a quienes llama a participar en Su Reino.

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios de todas las cosas! ¡Qué maravilloso fue que los discípulos de Jesús estuvieran en la barca mientras Él dormía! ¿Cuántas veces Te dejamos «dormir» y, sin que lo esperemos, el enemigo se presenta con tempestades? ¡No podemos tener miedo!

Somos hombres de poca fe, pero, aun así, es suficiente para vencer las luchas. Te damos gracias por amarnos y sacarnos de las garras del maligno. ¡Solo necesitamos creer y reprender a las fuerzas de las tinieblas para glorificarte!

Tú nos enseñas la forma correcta de actuar ante el mal. En este momento, nos apropiamos de la autoridad de Tu Nombre y ordenamos que el mal salga de nuestra vida. Lo reprendemos, diciendo: «¡Sal en el Nombre de Jesús!»