SABIO DISCRIMINADO
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2026-05-03 03:00:00
Y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias. Éste era samaritano.
San Lucas 17.16
Uno de los leprosos tomó la sabia decisión de volver para dar gracias a Jesús por haberlo sanado. Cabe recordar que, en aquellos tiempos, la lepra se consideraba una enfermedad incurable. El gesto de aquel hombre conmovió tanto al Salvador que, al despedirse de él, le dijo: «Tu fe te ha salvado». La fe nos lleva a acudir a Cristo para recibir la bendición y darle gracias por ese beneficio. No tiene sentido recuperar la salud y dejar de mostrar gratitud por esa benevolencia, y mucho menos hacia Él. Sin embargo, lamentablemente, ¡hay muchos ingratos!
Nuestra labor tiene como objetivo enseñar a las personas sobre el derecho que tienen en Jesús, ya que Él sufrió por los pecados de la humanidad. No debemos olvidar ninguno de Sus beneficios. Nuestra gratitud demuestra que estamos felices por todo lo que Él ha hecho por nosotros, pero hay quienes nunca dan las gracias por la comida que les alimenta o por el aire que respiran. ¡Sea amigo del Señor!
El leproso se postró a los pies de Cristo, reconociendo que Él lo había sanado. Gracias a ese acto, aquel hombre obtuvo la salvación eterna. Todo lo que Dios hace no solo fortalece nuestra fe en quien puede y quiere resolver nuestros problemas, sino que también nos da fuerzas para ganar nuevas batallas. Dios es el Amigo en todo momento, por eso cultive su comunión con Él para que nada le falte. ¡Él es bueno y quiere su bien!
La acción de aquel samaritano debe ser imitada por quienes conocen el poder destructor de las enfermedades. El leproso fue sabio, pues comprendió que Cristo tiene mucho más que conceder a los agradecidos: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.» (Efesios 3.20). El diablo se alegra con los ingratos. ¡Cuidado!
He visto a personas negar que Dios haya realizado un milagro. En cierta ocasión, en una ciudad, una persona me dijo que Dios la había ayudado, sin embargo, como también había acudido a otros dioses, creía que ellos habían contribuido más. Habíamos orado por su hijo el domingo, pues el lunes le iban a amputar la pierna por causa de una gangrena. Un mes después, la enfermedad regresó y lo llevaron al hospital. Ese mismo día le amputaron la pierna. ¡Qué corazón tan contaminado!
Ignorar las Escrituras hace que muchos pierdan la bendición que habían obtenido con Jesús. ¿Imagine cómo estarán esas personas en el Día del Juicio, cuando se encuentren cara a cara con Él? Haberle pedido al diablo que tuviera misericordia de su hijo y haberle dado a él el mérito de la curación, menospreciando la obra de Dios, fueron actitudes que hicieron que esa vida y toda la familia quedaran destruidas.
El leproso era samaritano y, debido a las diferencias religiosas y de costumbres, las personas nacidas en Samaria no eran aceptadas en Israel. Sin embargo, ninguno de los otros nueve leprosos israelitas regresó, y estos eran hijos de Abraham y solo lograron la sanidad de la lepra. En cambio, el samaritano recibió la Palabra del Maestro de que pasaría la eternidad con Él. ¡Oremos!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre misericordioso y bondadoso! El samaritano regresó para agradecer a Jesús por haber sido sanado, pero los demás no regresaron, como si la cura no significara nada. No dar gracias por la recuperación de la salud es como negar el beneficio obtenido. ¡No recibieron la salvación!
¿Por qué hay personas que no se interesan por la felicidad eterna y Te dan la espalda, aun sabiendo que Tú obraste el milagro de la cura y podrías dar la bendición de la salvación, que es infinitamente mejor que cualquier otra cosa?
¡Danos las palabras para que todo el pueblo entienda! No ven que, al ser ingratos, se hacen daño a sí mismos. Ayúdalos para que no se pierdan eternamente. ¡Tú eres nuestro Refugio, oh justo Salvador!
