¡SÁLVANOS, QUE PERECEMOS!
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2026-07-15 03:00:00
Se acercaron sus discípulos y lo despertaron, diciendo: —¡Señor, sálvanos, que perecemos!
San Mateo 8:25
Tras cumplir una larga lista de compromisos, Jesús subió a la barca y los discípulos lo siguieron. En el mar, se desató una gran tormenta, y el Maestro dormía. Al verse en peligro, los discípulos lo despertaron, rogándole que los salvara. La barca estaba siendo cubierta por las olas. Esta es la lección: no debían temer, pues tenían al Señor con ellos en aquella travesía.
A veces, por cosas pequeñas, también nos desesperamos. Sin embargo, nunca debemos ceder al miedo, incluso si la situación parece estar fuera de control, especialmente si tenemos a Jesús con nosotros. El Salvador es el Dios Todopoderoso (S. Mateo 28:18). Su presencia en nosotros garantiza nuestra tranquilidad durante las tormentas de la vida. Hoy, estamos autorizados a hacer las mismas obras que Él hizo. Solo necesitamos usar Su nombre para reprender todo lo que nos amenaza.
Cristo nos dio ejemplo al subir a la barca y dormir, porque necesitaba descansar. Aunque el enemigo viniera contra Él como un río encajonado, el Espíritu de Dios se encargaría de ello, como declaran las Escrituras: «Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol, su gloria, porque él vendrá como un río encajonado, impelido por el soplo de Jehová.» (Isaías 59:19).
Alzar la bandera es declarar la guerra a las amenazas que sufrimos. Los discípulos de Cristo deben conocer esta promesa bíblica para actuar con sabiduría contra el reino de las tinieblas. Al apropiarnos de la Palabra de Dios, neutralizamos el miedo y damos paso al valor. Cristo dijo que no debemos temer nada, porque Él estará con nosotros hasta el fin del mundo (S. Mateo 28:20). ¡Esto nos da seguridad!
Cuando nos rendimos al Salvador, comenzamos a vivir victoriosamente. Si el enemigo viene contra nosotros, el Espíritu del Señor alzará bandera contra él. Al mismo tiempo que llega la amenaza, llega también la ayuda del Cielo, que acude velozmente a protegernos y librarnos de toda dificultad. Dios nos guarda de todo mal que se levanta contra nosotros. ¡El Altísimo es el Escudo confiable y poderoso!
Jesús se sorprendió de la desesperación de Sus discípulos: «Él les dijo: —¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.» (S. Mateo 8:26). El Maestro reveló que el miedo es la causa de que los cristianos actúen sin fe en Dios. Los discípulos creían más en la tormenta que en la Palabra. Sin embargo, Jesús había afirmado claramente que quienes creyeran harían las mismas obras que Él hacía (S. Juan 14:12).
¿Por qué dejarse dominar por la depresión, si esta proviene del enemigo? ¿Por qué no creer en la sanación, si la Biblia dice que ya hemos sido sanados por las llagas de Cristo (Isaías 53:4-5)? ¿Por qué separarse, si el Señor dijo que lo que Él ha unido, que nadie lo separe (S. Marcos 10:1-12)? Si cree en Jesús, ¡sus acciones estarán de acuerdo con lo que Él dice!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Amado Señor! Hemos perdido muchas batallas, cuando deberíamos haber estado en Tu presencia desde el inicio de nuestro camino cristiano. ¡Aquellos que no hacen lo que les corresponde, cuando se enfrenten a problemas, no buscarán Tu rostro!
Los discípulos de Jesús debían levantarse y reprender a la tormenta en Su Nombre, para que ningún mal les sucediera. Sin embargo, prefirieron usar sus habilidades de pescadores. Entonces, al ver que iban a naufragar en aquellas aguas tempestuosas, despertaron al Maestro y le pidieron ayuda.
Tenemos Tu Palabra, que afirma que todo lo que concierne a la vida ya nos ha sido dado. Siendo así, nada puede destruirnos. Ahora bien, si no usamos la autoridad del Nombre de Jesús, todo lo que venga contra nosotros se engrandecerá. ¡Queremos aprender de Ti cómo actuar ante todo!
