SANTOS Y SIN MANCHA E IRREPROCHABLES
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2026-01-19 03:00:00
En su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprochables delante de él.
Colosenses 1.22
Jesús nos reconcilió en Su cuerpo de carne, por medio de la muerte. El proceso se completó y resolvió todo lo necesario para que fuéramos presentados santos, irreprochables y sin manchas ante el Padre. Hoy, como nuevas criaturas, somos motivo de alegría para el Señor (2 Corintios 5.17). Antes, nos guiaba el espíritu de error; ahora, el Espíritu Santo nos dirige por los caminos señalados en las Escrituras. ¡A Dios sea la gloria!
Para que la obra fuera buena, el Hijo se redujo a sí mismo a una semilla semejante a la que nos creó a imagen y semejanza de Dios. Cristo se hizo hombre, ciudadano de la Tierra como nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4.15). Jesús se desarrolló en el vientre de Su madre, quien, a su debido tiempo, entró en trabajo de parto para dar a luz al Salvador (S. Lucas 2.1-7). ¡Todo esto era necesario para salvarnos!
Al nacer, Jesús experimentó lo mismo que nosotros. Aunque es Dios y Señor, se humilló a sí mismo al venir a este mundo para salvarnos (Filipenses 2.5-8). Incluso quienes conocían la Palabra no se percataron de que el niño nacido en Belén de Judá creció en Nazaret y era el Mesías prometido, el Hijo del Todopoderoso. Era como cualquier otro ser humano, sin belleza alguna, tal como se describe en la Biblia.
Todo lo que las Escrituras dicen acerca de Cristo fue confirmado por quienes lo vieron personalmente. Él es el Rey que vino a liberarnos del imperio de las tinieblas. Así lo declaró el profeta Isaías: «Subirá cual renuevo delante de él, como raíz de tierra seca. No hay hermosura en él, ni esplendor; lo veremos, mas sin atractivo alguno para que lo apreciemos.» (Isaías 53.2). ¡Nadie necesita nada especial para hacer la obra, solo creer en Jesús!
Sabemos que la obra de Cristo fue perfecta. Cumplió todo lo que se había profetizado acerca de Su vida. Cuando creemos que Jesús cumplió las Escrituras y que Su sacrificio por nosotros fue completo, somos salvos de la condenación eterna y presentados santos ante el Padre. Ser santos es estar apartados de la inmundicia del mundo, y esto se logra mediante la fe, que proviene del oír la Palabra (Romanos 10.17).
Seremos presentados irreprensibles ante el Altísimo, es decir, sin nada que nos haga merecedores de reproche alguno. Quienes están en Cristo son fácilmente liberados de toda acusación. La Biblia dice que somos las cartas de Cristo, escritas con el Espíritu del Dios vivo (2 Corintios 3.3), para que el mundo lo conozca y vea Su poder transformador. Nada nos impedirá ser bienaventurados, excepto aceptar algún miedo (Efesios 1.3).
Quienes son llamados por el Altísimo y justificados por Cristo quedan irreprensibles de toda acusación lanzada por el maligno para intentar condenarlos. El Señor Jesús presentará a Sus hijos como santos, irreprensibles e intachables. ¡Qué hermoso será ese día!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, nuestro Justificador! ¡Qué alegría saber que, de condenados, para quienes las puertas del Cielo estaban cerradas, hemos pasado a ser miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia y ascenderemos con Él cuando venga a llevarse a Su Iglesia!
Éramos extraños y enemigos en el entendimiento, pero hoy somos Tu gozo. Hemos pasado de la muerte a la vida; hemos dejado este mundo lleno de problemas para seguir al Maestro por los senderos de la vida. ¡Te damos gracias por la salvación!
Un día, Jesús nos presentará santos ante Ti, pero incluso ahora podemos acercarnos a Ti como santificados, porque la sangre de Cristo nos ha purificado. ¡Padre, somos irreprochables!
