SE CONGREGARON Y VINIERON

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2026-10-15 03:00:00

Las costas vieron y tuvieron temor; los confines de la tierra se espantaron; se congregaron y vinieron.


Isaías 41:5

Cuando el Salvador descendió al mundo de los muertos, tenía una misión que cumplir allí. Las costas, congregaciones de espíritus malignos, vieron a Jesús y le temieron. Estos, antes de seguir a Lucifer y convertirse en demonios, eran ángeles buenos; y, ante el Creador de todo, no sabían qué hacer. El Señor fue a ese lugar para derrotar al príncipe del Infierno y a sus súbditos. ¡Era imposible que el reino del mal tuviera al Rey de reyes en su dominio!

Cuando Lucifer, el portador de la luz, se transformó en Satanás, el enemigo, perdió la belleza que lo adornaba. Este ser era el sello de la perfección (Ezequiel 28:12). El texto continúa: «En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.» (Ezequiel 28:13). Lea hasta el versículo 19.

El versículo 15 dice: «Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad.» Adán tampoco obedeció al Señor y comió del fruto, por lo que fue expulsado del Paraíso del Dios perfecto (Génesis 3). Nuestra pérdida fue demasiado grande, pero Jesús fue a la «casa» del príncipe de las tinieblas y lo derrotó. Ahora, la serpiente ya no puede oprimirnos. ¡Huya de la tentación para vivir con Dios!

Voy a resumir lo que significa pecar: errar el blanco, negar obediencia a la Palabra del Señor. Quien peca se separa de Dios en ese mismo instante (Isaías 59:1), por eso el Altísimo nos dice: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:9). Debemos confesarlos al Todopoderoso y a quien hemos ofendido. Este acto, además de ennoblecernos, nos da dignidad y nos beneficia.

Alguien podría decir que, al confesar una traición, por ejemplo, esa persona «queda a merced» del traicionado, pero eso no es cierto. El autor de esta mentira es el diablo. Cuando pecamos, nos convertimos en siervos de quien nos tentó (Romanos 6:16), y el adversario no quiere que dejemos de ser sus esclavos. Por lo tanto, abra su corazón y busque a aquel a quien ha perjudicado y deshonrado. ¡El Señor lo fortalecerá!

Los confines de la tierra temblaron, pero ahora todos, de cualquier lugar, pueden ir a los brazos de Jesús. Él los ayudará a levantarse de nuevo. No permanezca postrado en la tristeza, ni en manos del maligno, sino levántese y comience una nueva vida. Dios le hará un gran vencedor. Recuerde: una de sus especialidades es sanar las enfermedades del alma. Jamás permita que Satanás sea su amo. ¡Jesús ya lo ha vencido por usted!

En este momento, usted es el blanco de una gran batalla. De un lado está el tentador con sus sucias falacias; del otro, Jesús, quien dice: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas» (S. Mateo 11:28-29).

 

En Cristo, con amor,        

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Amado Dios! ¡Qué maravilloso es escuchar Tu voz, que, aunque fuerte y poderosa, hace un bien inmenso a nuestras almas! Anhelamos escucharte en todo, enseñándonos la Verdad que nos libera de todo mal.

Necesitamos estar conectados contigo para que el diablo jamás nos tiente con sus engaños. ¡Contigo es diferente! Mientras que la voz del enemigo es terrible, la Tuya es suave y nos calma.

Queremos alejarnos de las tentaciones, que siempre vienen a apartarnos de Tu presencia. Tu consejo nos conmueve profundamente y nos muestra cómo debemos apartarnos de los malvados. Tú eres nuestro Pastor, ¡y nada nos falta!