DARÉ EN EL DESIERTO

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2026-10-29 03:00:00

Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente.

Isaías 41:19

Dios nos enseña a creer en milagros. En el desierto, donde no llueve y, por lo tanto, no existe ninguna condición para sembrar, Él asegura que dará árboles que solo crecen donde hay agua en abundancia. A Dios le agrada quien cree que Él puede hacer cualquier cosa, aun cuando no existan las mínimas condiciones para que Sus obras se manifiesten. Si Él le promete algo, nunca diga: “¡Es imposible que eso suceda!”

Hubo un tiempo en Israel —el reino del Norte— en que no había alimentos a causa de la sequía. Además, los precios de los pocos productos disponibles eran exorbitantes. Entonces, dos mujeres hicieron un pacto macabro: matarían a sus hijos para comérselos, pues no tenían con qué alimentarse (2 Reyes 6:24-30). La culpa de aquella tragedia recayó sobre Eliseo, el profeta sucesor de Elías, pues, como este había provocado una sequía en el país en sus días, se suponía que su sucesor también había contribuido a aquella situación.

Según aquel pacto demoníaco, las mujeres se comerían a sus hijos. Una de ellas contó que, el día anterior, había entregado a su hijo, lo habían matado y se lo habían comido; pero, al día siguiente, la otra no quiso entregar al suyo para el mismo fin. Al oír semejante atrocidad, el rey decretó la muerte de Eliseo, diciendo: «Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy» (2 Reyes 6:31). Entonces, una palabra del Cielo vino en auxilio del profeta, anunciando que, al día siguiente, ¡habría abundancia de comida!

El capitán que se dirigió a Eliseo se burló de él, porque el hombre de Dios le pidió que comunicara al rey que al día siguiente habría abundancia de comida. El comandante, que era la persona más incrédula entre los habitantes de Israel, preguntó: «Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Pero el profeta respondió: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello» (2 Reyes 7:2b). Es peligroso afirmar delante del siervo del Señor que el Altísimo no cumplirá lo que ha dicho.

Cuatro leprosos vivían en el campo, apartados de la convivencia con sus familiares a causa de la lepra, que consideraban transmisible. Entonces, tomaron la siguiente decisión: «Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos» (2 Reyes 7:4).

Se levantaron antes de salir el sol, fueron al campamento de los sirios y lo encontraron vacío. Dios multiplicó miles de veces el sonido de los pasos de los leprosos; por eso, al oír semejante estruendo, los sirios huyeron. Los leprosos entraron y comenzaron a comer y a guardar para sí parte de lo que allí había, pero reconocieron que no estaban actuando correctamente. Así que se dirigieron a Samaria para contarle al pueblo acerca de la huida de los sirios. Después de oír las buenas noticias, todos salieron para comprobarlo.

Eran muchas las personas que querían salir. El capitán que había dudado de Eliseo intentaba, en vano, impedirles salir, pensando que se trataba de una estrategia de los sirios. Aun así, semejante milagro no sería posible si no existiera la palabra de Aquel que cumple Su promesa. Por haber menospreciado la palabra del profeta, el capitán permaneció a la puerta de la ciudad, y el pueblo, ansioso por comprobar la noticia, lo atropelló, y él murió (2 Reyes 7:20).

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares

La Oración de Hoy

 

¡Señor Proveedor! Es maravilloso saber que Tu capacidad es mayor que nuestras necesidades urgentes. Aunque aparentemente no hubiese sido posible obtener los alimentos necesarios, Tú hiciste lo imposible, ¡como si se hubiese librado una gran batalla!

El desierto recibirá los árboles prometidos, pues Tu Palabra es la Verdad y no volverá vacía. Confiamos en Tu ayuda para llevar el mensaje del Evangelio a toda la Tierra. Solo nos resta agradecerte y esperar el día en que veremos manifestado Tu poder.

Aunque muchos se burlen de Tu obra, pronto muchos serán testigos de Tus grandes obras, porque Tú nunca fallas. Nuestro mayor deseo es ver Tu obrar en medio de nosotros. ¡Tú eres el Dios que reina sobre nosotros!