EL DÍA DE NUESTRA MUERTE
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2026-08-21 03:00:00
—Ya soy viejo —dijo Isaac— y no sé el día de mi muerte.
Génesis 27:2
Una de las manifestaciones más impresionantes del poder que nos creó es nuestro nacimiento, a partir del cual dependemos totalmente de nuestros padres. Sin ellos, no existiríamos. La vejez también evidencia que el plan que nos hizo ser generados por la unión del espermatozoide y el óvulo se irá cerrando con el paso de los años, y la certeza de nuestra partida nos domina. ¡Dios es el Creador!
Isaac llegó a esa conclusión al sentir cómo su cuerpo se iba adormeciendo. Esto le recordó que debía prepararse para el momento de encontrarse con el Creador y responder por sus acciones en la Tierra (Eclesiastés 12:7; 2 Corintios 5:10). Muchos nunca se imaginaron que eso les pasaría. Vivían confiando en sí mismos, no buscaban al Señor y, cuando se dieron cuenta que su partida estaba cerca, necesitaron que alguien les ayudara.
Lamentablemente, muchas personas dejarán esta vida sin haber tenido el encuentro necesario con el Autor de la vida. Él nos creó para que seamos Su extensión aquí. Debemos vivir con temor reverencial hacia Él, respetando los límites que estableció, para poder imitarlo. Sin embargo, por no haber escuchado las Buenas Nuevas de lo que Jesús hizo en la cruz por la humanidad, irán al sufrimiento eterno (S. Juan 3:36).
Al crear a la humanidad, Dios la dotó de capacidades extraordinarias. Debemos explicar en detalle que el espíritu del hombre jamás dejará de existir. Además, debemos hablar del pecado de Adán, quien, al desobedecer el mandato del Señor, cayó en la tentación que lo separó para siempre del Creador. Sin embargo, Jesús vino a reemplazarnos, pagando el precio de nuestra reconciliación (2 Corintios 5:19).
¿Cuántas vidas irán a la condenación eterna porque no les dimos la información segura y firme? Si la hubieran escuchado, habrían aceptado a Jesús como su Sustituto, sus pecados habrían sido perdonados, habrían sido salvados y habrían entrado en el Reino de Dios, lleno de felicidad y pureza. Al hacerlo, sus espíritus estarían preparados para vivir en el Cielo.
Las religiones hacen más daño que bien, aunque muchos de sus fundadores crean haber hecho el bien al crearlas. Ahora bien, el Evangelio —la Buena Noticia de lo que Cristo hizo por nosotros— tiene todas las respuestas para prepararnos para nuestra salvación. Cuando nuestros padres se unieron en amor, nos convertimos en los hijos predilectos de Dios en este mundo. Por lo tanto, ¡prepárese ahora!
Su felicidad eterna depende únicamente de que le diga a Cristo que lo recibe en su corazón y en su alma. Él ya pagó el precio necesario para redimirnos y llevarnos a Su Reino de paz y amor (Isaías 53:4-6). Acéptelo como su Sustituto y aprenda lo que la Biblia dice acerca de Él. Toda persona que se entrega a Jesús recibe el poder de convertirse en hijo de Dios (S. Juan 1:12). ¡Ore conmigo y sea salvo ahora!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Señor! Te damos gracias por habernos amado y por haber enviado a Jesús a la Tierra para salvarnos de la muerte eterna. El pecado de Adán nos separó de Ti, ¡pero Tu Hijo vino al mundo para sufrir nuestra muerte y darnos vida en el Cielo!
Recibimos a Jesús como nuestro único y suficiente Salvador, Aquel que nos ha asegurado el perdón y la curación de nuestros males. ¡Gracias a Sus heridas en la cruz del Calvario, ya no tenemos que seguir sufriendo!
Ahora queremos aprender más de Ti, para vivir mejor y glorificar Tu santo Nombre. Por la fe, ya nos vemos para siempre a Tu lado. Tus palabras nos consuelan. ¡Te damos gracias por enviar a Tu Espíritu para que more en nosotros!
