EL MOTIVO DE LA DECISIÓN
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2026-08-11 03:00:00
Estas bendiciones tuve porque guardé tus mandamientos.
Salmo 119:56
Los pecados y las derrotas de la humanidad terminarían si las personas guardaran los mandamientos de Dios revelados en las Escrituras. Esta es una de las razones por las que predicamos el Evangelio. No hay manera de dejar de hacer lo correcto y luego culpar a los demás por obrar mal: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10:14).
Enseñar a alguien a amar al Señor —a tener y guardar los mandamientos— nos beneficiará a todos, porque al enseñar la Verdad, eliminamos el potencial criminal de entre las personas inocentes. Quienes aman a Jesús también son amados por Él y por el Padre (S. Juan 14:21). Serían tiempos mejores si esto se cumpliera en quienes se llaman cristianos, parecidos con Cristo. ¿Vamos a ser como el Maestro?
El autor del Salmo 119 reveló que guardó los mandamientos del Señor y logró liberarse de las obras de la carne (Gálatas 5:19-21) y del yugo del diablo, que vino a matar, robar y destruir (S. Juan 10:10). Al hacerlo, el salmista comenzó a vivir sin culpa ante el Altísimo. Quien haga lo mismo será una bendición para los demás. ¡Alegrémonos! «Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí.» (Salmo 33:12). ¡Amén!
Hemos escuchado relatos de personas que se complacían en el crimen, pero, al entregarse a Jesús y aprender a agradar a Dios, dejaron de ser siervos del diablo y comenzaron a servir al Señor. La salvación en Cristo es la Buena Noticia que transforma a todo aquel que aprende la Verdad. Las personas necesitan la doctrina bíblica para alcanzar lo mejor del Altísimo. ¡Sea fuerte!
Cada congregación es un reflejo de su pastor. Si muchos aún viven en pecado dentro de ella, la responsabilidad puede recaer sobre quienes pastorean. Porque el Señor nos amó primero, para que nosotros lo amáramos a Él, y nos dejó al cuidado de su casa, para que cuidáramos de Su rebaño (S. Juan 21:15-17; 1 Juan 4:19), llevándonos a creer en Sus promesas, a vivir irreprensiblemente, en santidad, temiéndole. Así, mostramos el propósito de nuestras vidas: hacer el bien. ¡Vele, ore y crea!
Examine la razón por la que el pueblo de Dios vive en sufrimiento, revelada al profeta Oseas por el Señor: «Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; puesto que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.» (Oseas 4:6). ¡Cuídese mientras aún hay tiempo! ¡Dios le ama!
Si no lo sabe, infórmese ahora: «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.» (2 Corintios 5:10). «Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.» (S. Lucas 12:3). ¡Haga las paces con el Señor ahora!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de santidad! No podemos presentarnos ante Ti sin que Tu obra se haya perfeccionado en nosotros. Nacimos en pecado y vivimos entre personas que no dudan en intentar desviar incluso a los más santos. ¡Ayuda a quienes oran ahora!
Sé que muchos han dicho «amén». Pero entre ellos hay débiles que aún no Te temen como deberían, y por eso pecan y vuelven al fango del diablo, a pesar de haber sido purificados por la sangre de Jesús. ¡Muéstrales Tu compasión!
Queremos respetarte y amarte, tener Tus mandamientos y guardarlos. Jamás permitas que uno de los nuestros caiga en manos del maligno, pecando en pensamientos, palabras y obras. Sus oraciones se elevan a Ti en este momento. ¡Respóndeles con Tu amor y Tu misericordia!
