INMACULADO EN EL SENTIDO MÁS ESTRICTO DE LA SANTIDAD
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2026-06-13 03:00:00
Y se oyó una voz de los cielos que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.»
San Mateo 3:17
El testimonio del Padre acerca de Su Hijo en el momento de Su bautismo también se refleja en nosotros. Sufrimos una gran pérdida por la caída de Adán, pues, al descender de Él, nacemos con los defectos que nos llevan a pecar (Salmo 51:5; Romanos 6:23). Al aceptar a Jesús como Salvador y Señor, recibimos el perdón completo que Él nos concedió con Su muerte. Por lo tanto, debemos confesarle nuestras iniquidades inmediatamente (1 Juan 1:9).
Algunos se emocionan al ver que otros se bautizan y piden ser bautizados también; sin embargo, siguen bajo el dominio del diablo y, después del "bautismo", se desvían. Es importante señalar que el bautismo no salva a nadie, pero ayuda a la persona bautizada a librarse de la fuerza maligna que desea que vuelva a pecar. En nuestra iglesia, instruimos a los pastores a que impartan el curso de bautismo. De esta manera, el cristiano conocerá las bendiciones que resultan de cumplir con esta ordenanza.
En este curso, se aprende sobre, al menos, seis bendiciones que se reciben en el acto del bautismo. El converso desciende al agua sabiendo que no se trata de un simple baño, sino de una valiosa oportunidad para fortalecer su fe. También podemos "escuchar" en nuestro interior lo que Jesús escuchó del cielo. Cristo no tuvo pecado, pero comprendió todo lo que se recibe al ser bautizado. Saldremos del agua escuchando la misma declaración del Padre. ¡Crea y viva!
Dios se complace en todo aquel que cumple con toda justicia, como dijo Su Hijo cuando Juan el Bautista le preguntó si podía bautizarlo: «Pero Juan se le oponía, diciendo: —Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú acudes a mí?» (S. Mateo 3:14). Jesús le respondió: —Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces se lo permitió. (S. Mateo 3:15).
Jesús nació como nosotros, pero de la semilla divina. Cuando lo recibimos como Señor y Salvador, nos convertimos en miembros de Su Cuerpo. Necesitamos ser bautizados para despojarnos del cuerpo de carne y del cuerpo del pecado, para que la vieja naturaleza sea sepultada y nuestro espíritu circuncidado. Así, recibiremos el perdón de los pecados para vivir una vida nueva (Romanos 2:28-29; 6:3-11; 15:8; Colosenses 2:11-12; 3:9-10). ¡Esta información le ayudará en sus batallas de fe!
Cristo fue un hombre perfecto, sin pecado, pero buscó a Juan para que lo bautizara. Todo aquel que acepta a Jesús recibe el poder de ser hijo de Dios y, por lo tanto, vivir libre de pecado (S. Juan 1:12). Sin embargo, para agradar al Padre, es necesario seguir Su guía: «Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.» (S. Mateo 10:38). ¡Dios tiene mucho más que ofrecerle!
Nadie habló como el Maestro. Jamás ha existido alguien que se haya preocupado tanto por el prójimo como el Salvador. Por muy bien intencionadas que parezcan o se esfuercen por ser las personas religiosas, nadie se ha dedicado tanto como el Señor al cuidado de quienes viven en el error. Amar a Jesús es tener Sus mandamientos y guardarlos (S. Juan 14:21). ¡Esto agrada a Dios!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Señor de la misericordia! Deseando lo mejor para la humanidad y sabiendo que el mundo sería un terreno fértil para místicos y personas malintencionadas, Tú y Tu Hijo nos enseñaron a buscar el bien de todos.
Muchas veces, no nos detenemos a pensar en quienes viven al margen de la sociedad y luchan por sobrevivir, cuando podríamos ayudarlos y satisfacer sus necesidades. Padre, ¿cómo podemos ayudarlos?
¡Tu manera de tratarnos es hermosa! Además de sufrir nuestros dolores y enfermedades, Jesús también sufrió nuestras iniquidades y transgresiones, derramando Su preciosa sangre para redimirnos. ¡Estamos agradecidos por Tu amor!
