JESÚS, LA PERFECCIÓN INSUPERABLE
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2026-01-15 03:00:00
Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia, y es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.
Colosenses 1.18
Nuestro Salvador nos supera en sabiduría, poder y perfección, tanto en el ámbito espiritual, el más importante y eterno, como en el físico, en el Universo, que incluye el mundo donde vivimos. Por lo tanto, no debemos temer a nada ni a nadie, pues ninguna fuerza maligna que subyuga al mundo puede hacerle frente a Cristo. Él consumó nuestra salvación a la perfección (S. Juan 19.30) y se convirtió en la cabeza del cuerpo que es la iglesia. ¡Todo lo que el Padre deseó y desea, lo hace bien! (Salmo 115.3).
La Iglesia triunfa día a día y triunfará al final de los tiempos (S. Mateo 16.18). Quienes la persiguen se lamentarán, pues persiguieron la buena y perfecta obra del Señor. Nada de lo que Dios planeó para nosotros se obtuvo mediante engaños, sino mediante el sufrimiento de Cristo, quien pagó el precio para que seamos Su Iglesia por los siglos de los siglos. Quien se arrepiente y se convierte es bendito y se convierte en una bendición para los demás.
No hay manera de que el enemigo nos destruya ni obstaculice nuestro progreso, porque el Señor es quien nos guía, y todo sucede según Su plan. Jesús y el Padre son uno (S. Juan 10.30). Al estar en Cristo, nada se interpondrá en nuestro camino. El mundo aún verá el poder del Salvador obrando y guiando a los perdidos a la mejor experiencia de la vida: conocer a nuestro Dios y Padre (S. Juan 17.3).
De los que nacieron, Jesús fue el único que nunca pecó (1 Juan 3.5), pero sufrió a causa del mal que reside en todo ser humano no regenerado (Isaías 53.4-6). Cuando clamó en la cruz que todo estaba consumado, Cristo lo hizo para que Su clamor de santidad y amor resonara por la eternidad, llevando a millones de personas a experimentar el perdón, la salvación y el nuevo nacimiento. Él puede salvar perfectamente a quienes acuden a Él (1 S. Juan 2.2).
Jesús es el Principio y el Fin de todas las cosas (Apocalipsis 22.13). Él es el Autor y Sustentador de toda forma de vida, tanto de la conocida por la humanidad como de la que está por venir. Él resucita al hombre del polvo, de la caída del pecado, como si jamás hubiera transgredido. Lo que Cristo tenía al principio, antes de encarnar, lo sigue teniendo, pero ahora existe el Nombre sobre todo nombre (Filipenses 2.6-11). El Padre confió todo al Hijo; por lo tanto, ¡Cristo reina!
Jesús es el primogénito de entre los muertos, no el unigénito. Resucitó, y todo aquel que cree en Su Nombre resucitará en el último Día (S. Juan 6.40). A quienes confiaron en las palabras del Salvador, Él volverá para llevarlos consigo, para que vivan a Su lado en el tiempo determinado por el Padre para la felicidad de los redimidos. Este plan jamás fallará ni cambiará (1 Tesalonicenses 4.13-18). ¡El Nombre de Jesús es nuestra garantía de victoria y vida!
En todo, Cristo es preeminente y tiene la preferencia. Él revirtió de manera espectacular la caída de Adán, pagando con Su sangre el precio de nuestra redención (Hechos 20.28). Ahora, ni siquiera la justicia divina perfecta puede reclamarnos nada, porque, al creer en el santo Nombre de Jesús y confesarlo, somos absueltos y liberados de toda culpa (Romanos 5.1-9). ¡Somos la alegría del Señor!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios perfecto! ¡Qué hermoso es saber que Jesús es la Cabeza de la Iglesia! Por lo tanto, jamás nos perderemos en el mundo. Redimidos de la caída, podemos estar contigo y ver, sentir y disfrutar continuamente de Tu presencia. ¡Somos prueba de Tu amor!
Cristo, es el Principio de todo. En Él, todo fue creado de manera extraordinaria. No podemos vivir separados de Ti. ¡Tú nos guardas y nos guardarás con vida para siempre!
Jesús es preeminente en todo, Tu Hijo Unigénito y nuestro Salvador. Que vivamos a la altura de Tu Nombre, amándote y viviendo para complacerte por los siglos de los siglos. ¡Te damos gracias, Padre!
