JESÚS QUIERE REVELARNOS AL PADRE

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2026-01-07 03:00:00

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.


San Lucas 10.22

Las bendiciones de Jesús para nosotros son maravillosas, pero la siguiente revelación es la mayor de todas: «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» (S. Mateo 11.27). Cuando Cristo nos revela plenamente al Padre, ¡debemos creer y vivir la Verdad!

Por ser ovejas del Señor, ninguna fuerza, ni humana ni infernal, puede separarnos de Dios, pues la divina creación que nos protege y guarda es infinitamente mayor que la oposición del diablo. El Salvador declaró: «Mi Padre, que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.» (S. Juan 10.29). ¡Con Él, estamos bien!

Todo lo creado y los planes de Dios que se nos han mostrado implican la participación de Su Hijo (Colosenses 1.15-17). Cristo afirmó: «El Padre y yo uno somos.» (S. Juan 10.30). Crean en las palabras de Jesús, porque son la verdad; Sus declaraciones siempre se cumplirán (Apocalipsis 22.6). El Señor no hace acepción de personas (Hechos 10.34), así que crean que hoy es el momento de actuar con fe en el Salvador, y no otro día.

Todo poder le ha sido dado a Jesús, así como todo lo que el Padre posee; por lo tanto, si alguno de nuestros seres queridos tiene una necesidad, debemos acudir a Él e interceder por esa persona. La respuesta vendrá de las Escrituras, pues «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo.» (Hebreos 1.1-2a). Jesús es la Palabra, el Logos de Dios. En la Biblia se encuentran las respuestas a nuestras preguntas.

Al leer la Sagrada Escritura, el Señor nos hablará, revelando la solución ante nuestros ojos, pues Él se manifiesta a quienes buscan conocer Su voluntad. Los testimonios divinos son fieles y dignos de nuestra confianza. La ley de Jehová es perfecta: convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel: hace sabio al sencillo. (Salmo 19.7). Cuando sienta que Dios, a través de Su Espíritu, le habla al corazón acerca de una promesa, crea y aférrese a ella.

La razón por la que Dios disciplinó al pueblo de Judá durante la invasión asiria fue esta: «Desecharon sus estatutos, el pacto que él había hecho con sus padres y los testimonios que él les había prescrito, siguiendo en pos de vanidades y haciéndose vanos ellos mismos, por imitar a las naciones que estaban alrededor de ellos, aunque Jehová les había mandado que no obraran como ellas.» (2 Reyes 17.15). Ahora bien, si nosotros, que pertenecemos a la Iglesia de Cristo, abandonamos al Señor, también sufriremos.

Nuestras actitudes equivocadas, tomadas por desconocer la Ley y el Testimonio, nos impiden conocer los secretos de la fe, pues el Hijo no nos revelará nada si vivimos en pecado. Conságrese a Dios y verá cuánto aprenderá acerca de sus derechos en Cristo. Quien vive de otras cosas, y no solo del Pan que procede de la boca del Señor, vive mal y tropieza mucho (Deuteronomio 8.3; S. Mateo 4.4). ¡OJO!

 

En Cristo, con amor,

        

R. R. Soares

 


La Oración de Hoy

¡Señor, verdadero Pastor! Queremos que nos guíes por lugares de delicados pastos y aguas de reposo, para disfrutar de las maravillosas bendiciones en Tu compañía, que creó todo y nos sostiene. Después de todo, fuimos salvados para vivir Contigo y hacer Tu voluntad.

Por Tu poder y Tu gracia, deseamos estar en Tu presencia y reconocerte como la fuente de todas las bendiciones. Míranos y corrige nuestro rumbo si nos hemos desviado del lugar donde quieres que estemos sirviéndote. ¡Clamamos por Tu misericordia!

Padre, Tú conoces a Tu Hijo Jesús y Él Te conoce. Cristo es el Sumo Sacerdote perfecto y eterno. Confesamos nuestros errores y Te pedimos perdón y la purificación de nuestro ser. Ayúdanos, purificándonos con la sangre de Cristo. ¡Amén!