LA MANO DE JEHOVÁ OBRA
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2026-10-30 03:00:00
Para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.
Isaías 41:20
Todos los acontecimientos tienen un propósito. Por lo tanto, no debemos temer cuando surgen afirmaciones extrañas sobre el poder de Dios, que actúa independientemente de la voluntad humana. El propósito es mostrar que la mano divina no está limitada ni ha envejecido hasta el punto de quedar inoperante. Él es el mismo hoy como lo fue en el pasado y lo será para siempre (Hebreos 13:8). Debemos creer en las declaraciones del Señor acerca de la eternidad; de lo contrario, nos perderemos.
La mano del Redentor sostiene el universo en todo momento, tal y como garantiza la Palabra: «El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1:3). «No se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír» (Isaías 59:1). ¡Crea en ella y utilícela!
Tras demostrar que solo el Señor es Dios, Elías le envió un mensaje a Acab: «Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje» (1 Reyes 18:44). Al oír ese mensaje, el rey partió rápidamente hacia casa. Por muy veloces que fueran los caballos de Acab, Elías llegó primero a la ciudad: «Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.» (1 Reyes 18:46). ¡Dios actúa!
Otro que contó con la ayuda del Señor fue Esdras, el sacerdote que consiguió la autorización y los materiales necesarios para reconstruir Jerusalén. Incluso en medio de la fuerte oposición de algunas personas, llevó a cabo la obra: «Este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras» (Esdras 7:6). ¡La mano del Altísimo es poderosa!
Debemos creer que Jesús nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre (Apocalipsis 1:6). Ahora, Él espera que asumamos nuestra misión y no abandonemos la obra, alegando que es difícil: «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina» (Proverbios 21:1). Si su corazón está en manos de Dios, ¡será como arroyos de agua, inclinándose a todo lo que Él quiera!
En la isla de Pafos, Pablo predicó al procónsul Sergio Paulo, quien se mostró interesado en el Evangelio, pero un judío y falso profeta llamado Elimas se opuso a aquellas palabras. Sin embargo, lleno del Espíritu Santo, el apóstol le dijo a Elimas: «Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano» (Hechos 13:11).
Desconocemos el poder que tenemos en las Escrituras. Muchas veces podríamos hacer más, pero, al estar desconectados del Señor, no logramos nada. Ahora bien, el versículo estudiado en este mensaje dice que todos deben ver, saber, considerar y comprender que la mano del Todopoderoso hará lo necesario para que, en nuestras acciones, haya el testimonio del Cielo. ¡Dios es el Señor!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios del Nuevo Pacto! Hemos aprendido lecciones maravillosas en este estudio sobre lo que Tu mano desea hacer en beneficio de las Buenas Nuevas. Por eso, ¡Te pedimos que nos des el testimonio celestial de que estamos predicando Tu Verdad!
¿Cuántas veces hemos querido ver Tu mano obrando sobre nosotros, pero, por pereza o por desconocimiento de nuestros derechos, hemos sufrido en silencio? Sin embargo, ahora comprendemos, por Tu Palabra, que Tu mano está extendida para responder a todos.
Debemos recordar continuamente que los acontecimientos del pasado deben repetirse allá donde se predique el Evangelio. ¡Te amamos y contamos con Tu mano poderosa, que se mueve sobre nosotros para Tu gloria!
