LA MUERTE PASÓ A TODOS

COMPARTILHE

2026-08-22 03:00:00

 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Romanos 5:12

Jamás podemos jugar con Dios, dejando de lado Su Palabra y haciendo lo que creemos correcto, aunque Él nos haya advertido que no lo hagamos. Lo que le sucedió a la humanidad después del pecado de Adán fue muy grave, por lo que debemos respetar al Señor (Génesis 3). Después de todo, estamos hablando del Ser que creó todo de la nada. Él jamás jugaría con el hombre. Siempre debemos honrarlo.

Al principio, la primera pareja vivía en completa inocencia. Sin embargo, cuando Eva caminaba por el jardín del Edén, la serpiente se le acercó y le preguntó: ¿Conque Dios os ha dicho: «No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis» (Génesis 3:1b-3). Entonces la serpiente dijo que, si comían, se les abriría los ojos y no morirían, sino que serían como el Creador (vv. 4, 5), y la mujer comió.

Más tarde, cuando Eva encontró a Adán, le dio el fruto, y él comió. Ahora bien, la Biblia no menciona el pecado de Eva porque, al conversar con la serpiente, estaba bajo el poder del diablo. Adán, en cambio, no lo estaba, y por lo tanto pecó conscientemente (1 Timoteo 2:14). Así, el pecado entró en el mundo y, a través del pecado, la muerte, la naturaleza de Satanás, haciendo que todos los descendientes de Adán pecaran.

Esta fue la obra que transformó la creación. Hoy, cuando desobedecemos a Dios, también atraemos fuerzas malignas que nos perturban. Sin embargo, hay algo que no podemos olvidar: el Padre nos perdona gracias a la sangre de Cristo derramada en la cruz para nuestra santificación. Por lo tanto, si pecamos y nos arrepentimos, recibiremos la misericordia divina, que nos librará de caer (1 Pedro 1:18-19; 1 S. Juan 1:7). ¡El Salvador es la garantía de nuestro perdón!

Esfuércese por no tropezar jamás, renunciando al pecado. Sin embargo, si lo practica, clame al Señor arrepentido y reconozca su transgresión. Dios ya está obrando para restaurarle (1 Juan 2:1-2). El arrepentimiento no es algo que usted mismo lo produzca, sino que es obra del Espíritu Santo, quien le convence de pecado, justicia y juicio (S. Juan 16:8). El Señor no quiere perderle. Recuerde: la sangre de Jesús habla más fuerte ante el Padre que la sangre de Abel.

Comprendiendo que la Palabra vino para salvarle, ore conforme a ella. El Altísimo no se complace en verle triste, llorando y pensando que irá al Infierno. Dios se regocija cuando uno de Sus hijos confiesa su culpa y acepta Su perdón (S. Lucas 15:7, 10). Por lo tanto, la muerte jamás obrará en usted, sino la vida. En vista de esto, sea fuerte y crea en la ley del Espíritu y en la vida en Cristo (Romanos 8:2).

No se enfoque en la afirmación de que la muerte pasó a todos los hombres, sino en las Escrituras que dicen que la vida ha pasado a usted y a los que han pecado (2 Corintios 5:17). Dios le ama, así que ámelo también. ¡Salga de la muerte!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares

La Oración de Hoy

  ¡Señor del Espíritu y de la vida! ¿Qué Dios eres Tú? A pesar de ser santo, nos perdonas, porque eres compasivo y misericordioso. El pecado nos aleja de Ti, pero Tu amor nos rescata y nos lleva a vivir contigo. ¡Qué gran ganancia!

Cometemos muchos errores, pero contamos con Tu promesa de que somos perdonados y, al mismo tiempo, hemos sido hechos poderosos en Tu Palabra y en Tu poder. ¡Padre, Te damos gracias por darnos vida y abundancia de amor!

Te damos gracias por la obra que Jesús realizó en nuestro favor, muriendo por nuestros pecados para nuestra justificación. Ahora, reconocemos que, en Cristo, somos salvos y amados. ¡Nos has comprado para servirte como reyes y sacerdotes!