LA PRUEBA IRREFUTABLE

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2026-05-13 03:00:00

Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.


San Lucas 5.24

Jesús estaba enseñando en la sinagoga de Capernaúm y, como siempre sucedía en esas reuniones, el poder de Dios se manifestaba sanando a los enfermos. Allí se encontraban fariseos y maestros de la Ley, procedentes de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Habían ido a ver si el Maestro realizaba milagros en sábado y así poder acusarlo. ¡Pobres «investigadores»! ¡Podrían haber sido sanados en esa ocasión!

Muchas veces, la gente asiste a la iglesia por diversos motivos: algunos para dar su opinión sobre cómo llevar a cabo la obra del Señor, y otros por otros motivos. Ese día, con el Salvador, quienes quisieran podían recibir sanación de enfermedades, liberación de adicciones, perdón de pecados y salvación del alma, que es la parte más importante del Evangelio. Sin embargo, los líderes religiosos solo querían tener pruebas para acusar a Jesús.

El Maestro quería que presenciaran el poder divino sanando a los enfermos y dando a los perdidos la oportunidad de ser salvos y cambiar sus vidas. Nada sería mejor que ser liberados de las cargas que los oprimían. Aquel día, cuatro hombres comenzaron a quitar las tejas del techo de la casa donde se encontraba Cristo, y después de haber hecho un agujero en el techo, bajaron a un paralítico y lo colocaron ante Jesús.

Al ver la fe ellos, el Maestro le aseguró al enfermo que sus pecados estaban perdonados. Tan pronto como Jesús hizo esta declaración, los fariseos y los doctores comenzaron a murmurar entre sí, acusándolo de engañar a la gente. En la opinión de ellos, al darse cuenta de que tenía un caso difícil que resolver, el Señor cambió Su predicación, diciendo que los errores del paralítico habían sido perdonados. Era como si dijeran que Cristo era un charlatán que, al no poder realizar aquel milagro, tranquilizó al hombre con tal afirmación. Sin embargo, ¡Jesús es la Verdad!

Ellos solo pensaron, pero el Salvador conocía lo que había en sus corazones. Cristo dio una orden, demostrando que Su poder es capaz de perdonar pecados, diciéndole al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (v. 24b). Y este fue el resultado: «Al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que estaba acostado y se fue a su casa glorificando a Dios.» (S. Lucas 5.25). ¡Qué gloria!

Después de este milagro, la gente quedó muy asombrada: «Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios. Llenos de temor, decían: —Hoy hemos visto maravillas.» (S. Lucas 5.26). Lo mismo se ha visto en reuniones donde ocurren prodigios y milagros. La gente llora y se abraza, diciendo que el Señor estaba entre ellos y por eso sucedió. ¡El Señor es maravilloso!

El pueblo de Dios necesita actuar de la misma manera, realizando las mismas obras que Jesús realizó durante su vida en la Tierra. Debemos aprender a usar la autoridad que Él ha dado a Sus discípulos, ¡y entonces el mundo será arrebatado de las tinieblas en un abrir y cerrar de ojos!

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor, hacedor de maravillas! Es bueno recordar las palabras de Tu Hijo, cuando afirmó que quien cree en Él tiene vida eterna. ¡Quien lo haga puede ser usado como Él lo fue!

El mundo necesita conocerte como el Dios de las maravillas. Fuera de Ti, no hay otro, ni lo habrá jamás. Esto no es competencia, sino el conocimiento de Cristo dentro de la iglesia y en la vida de Sus discípulos.

Los salvos deben dejar atrás la timidez y ser valientes como Tu Hijo, para realizar las mismas obras que Él hizo. ¡Tenemos el poder de atar a Satanás, liberar a los oprimidos y sanar a los enfermos en el Nombre de Jesús!