LA REUNIÓN DE LOS ANCIANOS

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2026-08-15 03:00:00

Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y vinieron a Ramá para ver a Samuel.


1 Samuel 8:4

¡Cuántas veces Dios debió de haber exhortado a Nadab y a Abiú, hijos de Aarón, a abandonar el pecado, pero ellos no quisieron hacerlo! Ahora bien, esos hombres podían entrar en la presencia divina, pero sus otros dos hermanos no: «Dijo Jehová a Moisés: —Sube ante Jehová, junto con Aarón, Nadab, Abiú y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis de lejos» (Éxodo 24:1). Nada de lo que provenga del diablo puede influir en usted para que abandone al Señor, así que manténgase alerta y ore para no caer en la tentación.

Ahora bien, había una gran indignación entre los israelitas porque los dos hijos de Samuel se habían comportado mal. Solo juzgaban los casos de quienes lo sobornaban (1 Samuel 8:1-3). ¡Qué vergonzoso! ¿Por qué cometían semejante maldad, cuando conocían el carácter de su padre, quien jamás habría aprobado tal proceder? ¿Por qué hicieron eso, si habían recibido una buena educación de sus padres para servir a Dios por encima de todas las cosas? ¡Pasaron a ser conocidos como malvados!

Al principio de nuestro ministerio, un pastor de otra iglesia, que era amigo mío, empezó a trabajar con nosotros. Le pregunté si había hecho algo malo en su pasado. Me dijo que sí, explicando que había tenido una aventura con una mujer, y añadió que se había arrepentido de verdad y que se había recuperado. Sin embargo, le advertí que, si volvía a caer, no volviera a buscarme.

Un día, un obrero vino a darme la llave del templo y me dijo que aquel pastor había comunicado que ya no podía seguir al frente de nuestra iglesia. Durante la conversación, entre lágrimas, me abrió su corazón y me contó que, en su antigua iglesia, los domingos por la mañana, con el templo lleno, mientras predicaba el sermón sobre la santificación, una mujer sentada en uno de los bancos movía la cabeza, como si dijera: «¡Justo tú!». Entonces, él le cedía el púlpito a su asistente y se marchaba llorando.

Sin duda, los ancianos de Israel amaban a Samuel, por eso se unieron a él y protestaron contra la conducta de los hijos del profeta. ¡Es doloroso cuando esto es verdad! Seguramente el profeta los reprendía, pero, a cambio de la Palabra que les enseñaba, ellos mentían. Quien tiene el Espíritu Santo nunca se deja engañar por respuestas mentirosas. Los siervos del Altísimo siempre distinguen la verdad de la mentira. En cambio, los débiles en la fe necesitan la ayuda del Señor.

Cuando el culpable afirma que no ha cometido el pecado del que se le acusa, es como si repitiera el error. No teme a Dios, y su futuro es incierto. Nadie engaña a quien cuenta con la ayuda del Señor. Si insiste en saber la verdad, es para salvar a esa persona. Muchos no logran comprender que ser sincero es la mejor actitud. Dios perdonará si hay un arrepentimiento verdadero.

Si alguien no se arrepiente de su transgresión, nunca será perdonado ni en esta vida ni en la eternidad. Solo la sinceridad, sin omitir ningún detalle, traerá el perdón capaz de recuperar a esa persona para el Reino de Dios. El espíritu de la mentira solo abandonará al transgresor cuando este confiese sus iniquidades.

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Padre misericordioso! Hay personas que no sopesan las consecuencias de sus pecados. Algunas, cuando sienten un dolor insoportable, gritan hasta que el remedio surte efecto. ¡Dios mío, solo habrá remedio para quien se arrepienta!

Señor, ¿por qué muchos se creen diferentes de quienes han pecado? ¡Ese demonio que habita en ese corazón es el peor de todos, pues llevó a esa persona a hacer el pacto de no decir la verdad, guardando el secreto por toda la eternidad!

           Ayuda a ese transgresor a liberarse de la perdición sin fin. Sus mentiras serán como combustible para el lago de fuego eterno. Tú no le ofreces la condenación, sino el Cielo de luz. ¡Padre, salva a esa persona!