LIBERADOS DEL PECADO
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2026-06-16 03:00:00
Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley.
1 Juan 3:4
El apóstol Juan advirtió que quien comete pecado infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. Así, quien traiciona a su cónyuge infringe la Ley, pues no respetó a su pareja ni al prójimo y pagará caro por tal perversidad. Ahora bien, nadie cae en ese tipo de situación por casualidad. Antes de pecar, la persona resistió la voz de Dios que le advertía acerca del dolor y del mal que provocaría para sí misma y para los demás. Si no se arrepiente, debe prepararse para comparecer ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), donde quedará expuesto el verdadero motivo de su maldad.
El que comete infracción no considera al prójimo como le gustaría que lo consideraran. La Palabra de Dios afirma: «El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8). La tentación en sí no quiere decir que usted haya transgredido; después de todo, Jesús fue tentado en todo y no pecó en nada (Hebreos 4:15). ¡Huya de la tentación!
El adúltero es un inicuo, porque actúa sin pensar en el dolor que sentirá la persona traicionada, la cual no tiene parte en su infidelidad. La sociedad es tan mala que pone un apodo despectivo a quien fue traicionado y exalta al traidor. El mundo está bajo el maligno (1 Juan 5:19b), por eso incentiva a los traidores y se burla de quienes, inocentemente, fueron apuñalados por la espalda. ¿Por qué alguien se dejaría dominar por los espíritus malignos, si debería mantenerse fiel? ¡Vele!
Si usted, que lee este mensaje, traiciona a su cónyuge, medite en lo que le dirá al Señor en el Día del Juicio. Dios no necesitará probar lo que usted hizo, pues, cuando Él mire a sus ojos, usted sentirá un remordimiento tan grande que confesará con detalles aquello que ahora niega y esconde. ¿Por qué ir al tribunal de Cristo, si tiene la oportunidad de confesar sus pecados, ser perdonado y librarse de la condenación eterna? ¿Acaso no se ama a sí mismo?
Muchas personas sufren los ataques del Infierno porque no asumieron la Verdad y no consiguen resistir las embestidas del diablo. ¿Por qué esperar aún más sufrimiento, si puede seguir la orientación del Maestro? Él afirma que, al conocer la Verdad, usted será libre (S. Juan 8:32). Así, reconoce su error y sale de la prisión del diablo. Dejar para después su decisión por Cristo es aplazar su libertad.
Quien desprecia la dirección del Maestro no se sentirá libre en el día del tribunal de Cristo, pues se negó a obedecer Sus orientaciones: «Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura arreglarte con él en el camino, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel» (S. Lucas 12:58). ¡Es honroso que quien pecó confiese a la persona traicionada lo que hizo!
Toda iniquidad lleva a la persona a separarse de Dios. Por más que intente, no ve que su oración llegue al Señor y traiga la paz, la sanidad y el perdón que tanto necesita. Dios espera que usted Lo honre, librándose de la iniquidad que, si no es abandonada, lo llevará al lago de fuego y azufre. Su reloj le avisa que ya está atrasado para recibir el perdón. ¡Ore ahora y confiéselo!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de bendición! No podemos callar al entender que nuestros pecados demuestran que nos hemos dejado dominar por el espíritu del error. ¡Necesitamos confesártelos para recibir el perdón!
No podemos vivir con transgresiones escondidas en nuestro corazón, sabiendo que la persona ofendida o traicionada puede sentir incomodidad al mirarnos. ¡Tú eres nuestro Padre! ¡Ayúdanos a reconciliarnos con quienes perjudicamos!
Queremos volver a sonreír delante de Ti, sin escondernos detrás del follaje, como hizo Adán. Somos Tus hijos y necesitamos estar limpios en Tu presencia. Tú eres nuestra Defensa frente a las acusaciones del maligno. ¡Te necesitamos, oh Padre!
