NO SE APARTE DE LA PALABRA
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2026-08-07 03:00:00
Mucho se han burlado de mí los soberbios, pero no me he apartado de tu Ley.
Salmo 119:51
El reino de las tinieblas a menudo utiliza toda clase de tentaciones para separarnos de Dios y llevarnos a rechazar el plan de salvación cumplido por Jesús hasta en el más mínimo detalle. Sin embargo, las artimañas del diablo no importan. Debemos aferrarnos a la revelación de la Palabra que nos hizo miembros del Cuerpo de Cristo. El enemigo no puede engañar a quien ha obedecido el llamado del Señor para entregarse a Él (S. Mateo 11:28). ¡Hemos sido aceptados por el Altísimo!
En el versículo que se estudia, el Espíritu Santo declara que los soberbios se burlaron de los hijos de Dios. Debido a que no creen en el Señor, los arrogantes son usados por el diablo para desviar a quien está en el camino trazado por el Padre. Algunos hermanos se dejan influenciar por las burlas de estos soberbios, quienes no saben cuál es su propósito en la vida y se convierten en marionetas del enemigo. Ni siquiera imaginan que, si no se arrepienten, serán condenados al lago de fuego y azufre (Apocalipsis 21:8).
No debemos enojarnos con los incrédulos ni aceptar sus ofensas. En última instancia, quienes no creen en el Señor se privan de ser bendecidos con la redención que Jesús ofreció a la humanidad, separada del Creador tras la caída de Adán en el Edén. Los cristianos deben conocer la obra de Cristo para proclamarla con sabiduría. ¡El Salvador cumplió Su misión para que todos pudieran ser ciudadanos del Reino de los Cielos!
Somos conscientes del odio del diablo hacia nosotros porque creemos en la promesa de Jesús: «De cierto, de cierto os digo que el que guarda mi palabra nunca verá muerte.» (S. Juan 8:51). Esto nos da plena seguridad sobre lo que sucederá después de nuestra muerte física. Aunque muchos prefieren vivir lejos del Padre, quien nos recreó en Cristo, ¡seguiremos amándolo por haber sufrido por nosotros!
Podemos descansar en la Palabra de Dios, que garantiza que, al creer en Cristo, pasamos de la muerte a la vida (S. Juan 5:24). Jamás seremos avergonzados ni rechazados por Dios. Nuestra morada eterna estará en la Casa de Jesús, y no en el lago de fuego y azufre. Viviremos como hijos amados de Dios, pues eso es lo que Cristo logró por nosotros. Cuando lo recibimos como Salvador y Señor, nos convertimos en hijos de Dios (S. Juan 1:12). ¡Qué honor!
El salmista dijo que, a pesar de las burlas que sufrió por esperar en Dios, no se apartó de la Ley del Señor. Jesús cumplió todos los requisitos de la Ley de Moisés para nuestra salvación y felicidad (S. Mateo 5:17); por lo tanto, no tenemos que preocuparnos por cumplirla. Ahora vivimos bajo el Nuevo Pacto, sin esforzarnos por satisfacer los dictados de la Ley mosaica (Hebreos 7:18-19). ¡Viva nuestra libertad en Cristo!
No importa quién intente demostrarnos que es necesario cumplir la Ley del Antiguo Testamento, pues, como dijo Pablo: «De Cristo os desligasteis, los que por la Ley os justificáis; de la gracia habéis caído.» (Gálatas 5:4). ¿Qué prefiere: cumplir la ley y estar separado de Cristo, quien la cumplió por nosotros, o vivir bajo la ley de la libertad, guiado por el Espíritu Santo? (Santiago 1:25)
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Señor de la ley de la libertad! ¡No queremos volver al pasado para observar la Ley de Moisés! Quienes se esforzaron enormemente por cumplirla no pudieron llegar muy lejos, pues era imposible para cualquiera lograrlo.
La ley de la libertad es buena para quienes se convierten a Jesús. Además de obtener el perdón de los pecados y disfrutar de la paz que sobrepasa todo entendimiento, reciben Tu Espíritu, que los consuela y guía, dándoles la certeza de estar en el camino correcto.
La nueva ley implica vivir el cumplimiento de Tus promesas hechas a los profetas y demás siervos. A pesar de las dificultades de sus días, permanecieron en Tu presencia, sabiendo que trabajaban para Ti y para el bien de los demás. ¡Tú eres fiel!
