RUMBO AL RECOMIENZO
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2026-05-14 03:00:00
Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, con su mujer y con todo lo que tenía, y con él iba Lot.
Génesis 13:1
La desastrosa ida de Abraham a Egipto casi le hizo perder a su mujer. No sabemos lo que pasó por la mente del patriarca, pero debió de ser difícil ver al faraón mandar buscar a Sara. Mientras la preparaban para ese encuentro —sería el peor día para Abraham, pues él y Sara habían sido elegidos para darle origen a una descendencia que alegraría los Cielos—, el Señor entró en escena y humilló al rey egipcio.
El que fue llamado a salir de su tierra e ir a un lugar desconocido, donde pasaría por pruebas, obedeció e inició la jornada firme en las palabras del Señor (Génesis 12:1-3). Dios había dicho que sería enemigo de los enemigos de Abraham; por eso, cuando se llevaron a la princesa Sara para ser esposa del gobernante de Egipto, el patriarca tuvo fe en que ningún mal le sucedería y que se la devolverían intacta. ¡Él se apoyó en el Pacto hecho con Dios!
Cuando entendemos lo que tenemos en el Nuevo Pacto sellado con la sangre de Jesús, podemos ir adonde Él nos envíe, porque el mal no nos alcanzará (Salmo 91). Ahora bien, no podemos tener pecados en nuestro corazón. Si algo del diablo está oculto en nuestra vida, estaremos escondiendo al enemigo, que seguirá tentándonos en todo. ¡Debemos confesar nuestras transgresiones para ser perdonados! (1 Juan 1:9).
No debemos mancillar nunca nuestro espíritu, el cual ha sido regenerado por el Señor, tal como declara la Palabra: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Una vez que hemos aceptado a Jesús, somos recreados en Él. Por lo tanto, cada vez que cedamos a la tentación, debemos confesarlo inmediatamente al Señor, para que nada del maligno permanezca en nosotros (Efesios 2:10; 4:27).
El faraón se desesperó cuando Dios le mostró que Sara era diferente de todas las mujeres del mundo. Entonces el faraón llamó a Abram, y le dijo: «¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?» (Génesis 12:18). Quien está en el error desconoce el camino de la paz hasta que acude a Dios y le confiesa su iniquidad. Tenga cuidado de no morir en pecado. ¡Sálvese ya!
Abraham salió de Egipto con el corazón rebosante de alegría, y eso también ocurrirá con usted cuando diga la verdad y se reconcilie con las personas con las que ha fallado. ¡No sea terco! Después de la muerte, no habrá arrepentimiento. Valdrá lo que le diga al Señor ahora, sin omitir ninguna falta. Deje que el amor de Dios le envuelva, y el odio que el enemigo ha sembrado en su corazón desaparecerá para siempre. No ponga excusas, ¡hable!
El patriarca subió de Egipto con todo lo que tenía, sin dejar nada atrás. En la Biblia, Egipto representa el pecado. Sin embargo, cuando confiesa sus faltas y el Padre le perdona, es justificado, porque Cristo ya pagó por su salvación. ¡Clame al Señor para ser redimido!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre de amor y perdón! Al confiar en Ti, la persona que lee este mensaje ya ha derramado todas sus lágrimas para demostrar su arrepentimiento. ¡Ayúdala a cumplir las enseñanzas de Tu Palabra, pues está a un paso de ser salvada!
¡Qué días de angustia fueron los que tuvo Tu siervo, cuando se preguntaba qué le estaba sucediendo! Te había estado obedeciendo desde que salió de la casa de su padre, cumpliendo Tu mandato. ¡Cuánta semejanza hay entre este lector y Abraham!
¡Escucha todo lo que Te dice, Señor! Perdona sus decisiones malvadas, pues Tu Hijo pagó el precio de la redención de la humanidad. Fortalécela para que se purifique para siempre, a fin de que vuelva a sonreír con pura inocencia. ¡Purifica a quien clama a Ti!
